miércoles, 14 de enero de 2009

Navarra: el largo camino hacia el "Anschluss".

Desde 1996, Navarra es gobernada por UPN, que ha ejercido como una especie de franquicia local del PP, con el apoyo sistemático de CDN. El líder de UPN y actual Presidente de la Comunidad Foral, Miguel Sanz, ha sabido aprovechar con habilidad las ventajas de pertenecer al PP (apoyo y proyección mediática, acceso a un gran reservorio de votos de la derecha moderada y de reacción contra el socialismo y el nacionalismo) esquivando las desventajas (erosión por la guerra de Irak, imagen de extremismo que se ha impuesto en la mayoría de medios al hablar del PP...). UPN es claramente la fuerza política líder en Navarra, la más votada con gran diferencia sobre la segunda (22 escaños autonómicos contra 12 de los socialistas navarros y nacionalistas)

Pero en mayo del 2007, UPN y CDN se quedaron a tan sólo un escaño de poder formar gobierno. Como siempre desde que Zapatero manda en el PSOE, se armó el ejército de "todos contra el PP" tambaleándose las posibilidades de Sanz de repetir al frente del Gobierno navarro. Los tentáculos del "Pacto del Tinell" que encorsetan la democracia española desde hace años supondría un gobierno de coalición nacionalista-socialista al estilo del catalán. Pero lo que libró a UPN de pasar a la oposición fue el resultado de esas elecciones en toda España: el PP logró más votos populares que el PSOE a tan sólo 9 meses de las elecciones generales. Las alarmas sonaron en Ferraz. El tema de las permanentes cesiones socialistas ante el nacionalismo y el fiasco de la negociación (menos transparente y más transigente que nunca) con la banda terrorista e.t.a. podía realmente provocar una derrota del PSOE en marzo del 2008.

Los socialistas fueron inteligentes: sacrificaron el gobierno del Navarra que tenían al alcance de las manos. Una pieza menor en comparación con el Gobierno de la Nación. Un gambito rentable junto a la machacona publicidad institucional con el membrete y coletilla final de "Gobierno de España". La bandera rojigualda empezó a ser usada a mansalva por el PSOE tras más de tres años de marginación. Junto a múltiples tretas publicitarias, esto ayudó a la victoria electoral. Además, se dejó al PP sin una parte importante de su discurso: la de la venta de Navarra como parte de la negociación opaca con e.t.a. No se logró quitar votos al PP, pero sí se detuvo la fuga de votantes moderados del PSOE que empezaban a sospechar que realmente las carantoñas de Zapatero con los asesinos y el nacionalismo más insaciable iban demasiado lejos.


Tras la apurada investidura de Sanz, la política Navarra osciló hacia la permanente sensación de provisionalidad. Cuando quiera el PSOE, una moción de censura le pondrá en el trono foral. Sabedor de ello, Miguel Sanz ha ido pagando los peajes que el PSOE le ha ido exigiendo. Unas incómodas declaraciones para el PP por aquí, unos desplantes por allá. La gota que ha colmado el vaso ha sido la ocurrencia de apoyar los Presupuestos Generales del Estado del 2009 (hechos sobre estadísticas macroeconómicas que el propio Solbes ha reconocido como desfasadas, por cierto). Tras que el PP lo considerara una provocación y que Sanz hablara sobre el tema como si si fuera una marioneta de trapo cuya voz la hiciera un Pepe Blanco reconvertido en ventrílocuo, Rajoy ha decidido la implantación del PP autónomo en Navarra.


No puede haber mejor noticia para el PSOE. Incluso aunque se reconozca la inevitabilidad de la decisión de Rajoy, hay que reconocer que los socialistas han obrado con la inteligencia que no suele caracterizarles en la gestión de los asuntos públicos. Sin duda, se les da mucho mejor aplicar la inteligencia para obtener y mantener el poder que para usarlo de manera benéfica para la sociedad. También es cierto que ésa siempre ha sido una de las características inherentes al socialismo. El PSOE aplica con audacia el principio de "divide y vencerás" sabiendo que ahora mismo, Sanz es el eslabón débil no sólo del PP-UPN, sino de Navarra (cuyo escudo está formado por cadenas). De la misma manera que la unión de PNV y EA en Nafarroa Bai potencia el voto disperso del nacionalismo, la división del voto centro-derechista y foralista navarro debilitará dicha opción política. El PSOE puede dejar que avance la ruptura de UPN y que se pudra el Gobierno de Sanz o caiga en la parálisis para erigirse como el salvador de Navarra con una moción de censura fácil de vender en toda España o sencillamente esperar a que en poco más de dos años las elecciones le den el poder ante unos rivales dispersos y enconados como tras un reciente divorcio.

¿Y entonces?

Pues lo mismo que en Galicia, Cataluña y Baleares. Un PSOE nacional-socialista, es decir, socialista en el manejo del poder, las instituciones y el dinero público y nacionalista en todo lo demás donde pueda decidir la ideología. Un PSOE que considera que ser moderado es abrazar las nacionalidades inventadas en cuantas regiones haya y dejar la idea de España en el baúl de los recuerdos como un viejo trapo que sólo usan los nostálgicos de la dictadura. Se multiplicarán las Ikastolas, florecerán los mapas donde Navarra es sólo una parte de ese ente vasquista que aparece en los mapas del tiempo de la televisión pública vasca y se fomentará la visión de que para ser más navarro, se debe ser menos español. El nacionalismo vasco lo sabe y por eso entendió la renuncia del PSOE a obtener el gobierno de Navarra cuando pudo haberlo tenido. Para todos los nacionalismos antiespañoles, era mucho más importante impedir el regreso del PP a la Moncloa. Zapatero es su esperanza. Este PSOE es su gran oportunidad.


Navarra, con este PSOE gobernándola, estará varios pasos más cerca de formar parte de esa entelequia delirante, que soñó a finales del siglo XIX Sabino Arana y que es la pesadilla que ha generado tanto dolor, odio y muerte. Estará más cerca del Anschluss que para ella anhelan el PNV, Eusko Alkartasuna, Ezker Batua, Aralar y parte del PSE-PSOE. Y también, e.t.a.


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