miércoles 4 de noviembre de 2009

La corrupción no es un problema, sino un sistema.

En los últimos tiempos y gracias a la desinteresada labor de la policía, el juez Garzón, la prensa afecta al régimen, la Fiscalía General del Estado, la Guardia Civil, la Fiscalía Anticorrupción, ese prócer de la Verdad que es Rubalcaba y otros estandartes de la salud civil de la patria, se han destapado numerosos casos de corrupción del Partido Popular, a la sazón, principal partido (en número e implantación social, que no en actividad e ideas) de la oposición y única (así de deprimente es la realidad) alternativa de Gobierno.

Cabe decir que dichos casos de corrucpción tienen visos de resultar mucho más ciertos que otros, también del Partido Popular, que generaron detenciones de docenas de militantes y cargos públicos del mismo partido (detenciones casualmente televisadas muchas veces por las cadenas televisivas Cuatro y La Sexta, quienes tenían la enorme suerte de tener cámaras apostadas allí donde la policía iba a detener y exhibir esposados a los miembros del PP) y que a las pocas semanas se veían libres de toda culpa al sobreseerse el caso por falta de pruebas sólidas. También era casualidad, claro, que esas espectaculares detenciones acontecieran siempre en periodos preelectorales (o incluso en campañas electorales) o a la mañana siguiente de que una sentencia hubiera exculpado a algún miembro del PP de una acusación previa.

Esta oleada de podredumbre ha hecho que muchos -especialmente socialistas, ver para creer- se indignen por casos de financiación ilegal de un partido político, de amiguismos, de favoritismos, nepotismos... Es enternecedor poder dar la bienvenida -¡por fin!- a los socialistas a la trinchera de la indignación y el asco ante la corrupción de un partido político. Hombre, es cierto que les podía haber dado ese ataque de escrúpulos hace varios lustros, décadas incluso, y que de querer ser respetados en sus quejas, tendrían que atreverse a ser coherentes y reconocer que la corrupción del PP aún no le llega a las rodillas a la del felipismo o mismamente a los casos de condonación de 1200 millones de pesetas de la deuda del PSC por la Caixa, el tema del asalto a Endesa, Intermoney, la hija de Chaves, las cacerías naftalinosas de Garzón con el Ministro de lo
suyo, etc...




El caso es que en este mismo periodo, y gracias a la -insisto- desinteresada labor de de la policía, el juez Garzón, la prensa afecta al régimen, la Fiscalía General del Estado, la Guardia Civil, la Fiscalía Anticorrupción, ese prócer de la Verdad que es Rubalcaba y otros estandartes de la salud civil de la patria, se han tapado numerosos casos de corrupción del PSOE.

Como los que detentan el poder suelen ser tan mediocres como matones, suelen ejercerlo con chulería, se envalentonan y se les ve venir de lejos. Y claro, lo que han logrado es que el electorado del PP se dé cuenta de la jugarreta y han acabado inmnunizándolo contra los chorizos de su propio partido. Estamos en la peor situación posible: el electorado del PP ya es casi idéntico al del PSOE en cuanto a tragaderas respecto a la corrupción se refiere. Los políticos españoles tienen casi carta blanca con la corrupción. Esto es lo que hace que uno tenga que frotarse los ojos ante declaraciones como las de Chaves acusando al PP de tener la corrupción en su médula, que es algo así como si Madoff llama estafador a alguien que le acaba de endilgar el timo de la estampita (reconozco que mi comparación inicial era "es algo así como si Hitler acusa al Ku Klux Klan de racista", pero no quise caer en la extensa vulgaridad internetera de sacar a los nazis a relucir a la mínima ocasión... ¡ups, acabo de hacerlo!).

Como la corrucpión inherente al PSOE es imposible de tapar por completo incluso teniendo tantos medios de comunicación a su servicio, han decidido usar la Fiscalía como un gran ventilador y sale mierda por doquier... Eso ha hecho que la prensa, los humoristas, la ciudadanía, se quejen de la corrupción.

Craso error. El problema NO es que algunos o muchos políticos se corrompan. El problema real es que el sistema no puede mantenerse sin un enorme grado de corrupción intrínseca. Hemos ido elaborando un modo de proceder en el ámbito público que deja unos vacíos enormes a la discrecionalidad de las personas que toman decisiones. Las leyes siempre se han ido cambiando aumentando el poder de las administraciones y reduciendo el de los ciudadanos, lo que supone más poder para el político. El hecho de que la mediocridad del político sea fomentada y buscada por los partidos políticos hace el resto.

Es más, la única manera de que los delitos no sean generalizados ha sido recoger en la Ley actividades inmorales como legalmente aceptadas, así, la especulación sistemática de los ayuntamientos con el suelo, la financiación de los partidos, las ONG, el nombramiento discrecional de personal administrativo, las cuotas reservadas a grupos de presión, vulnerando el principio del mérito y de capacidad y desincentivando el esfuerzo pero incentivando "las relaciones" (es decir, el enchufe de toda la vida). No olvidemos que ese patrón de comportamiento en lo público acaba filtrándose por doquier en lo privado, y más en un país tan renuente a la iniciativa privada y tan ansioso de que nos lo arreglen todo.

Quejarse del político que se corrompe y no del sistema es algo así como quejarse del síntoma y no de la enfermedad que lo genera. Es como echarle la culpa a la fiebre y no a la infección, al dolor y no al hueso fracturado o a quien nos ha infectado con una vacuna errónea o nos ha roto el hueso con una maza. Las críticas que se están levantando contra la corrupción me parecen superficiales y carentes de sentido crítico realista. Suenan más a pataleta, a berrinche que durará hasta que haya otro tema más relevante (algún escándalo sexual de algún famoso, una eliminatoria atractiva en la Champions League) y que queda muy bien como pose, para presumir de censurar a los ladrones y de no estar de acuerdo con ellos (algo que en teoría debería darse por sentado en cualquier persona normal y honesta).

viernes 11 de septiembre de 2009

La degradación de la Ciencia Económica.

Me he topado con el libro "La Economía no existe" de Antonio Baños Boncompain. Me ha parecido ameno y revelador sobre cómo los paradigmas erróneos de la Economía mainstream (es decir, la neoclásica y keynesiana) han logrado dejar a la ciencia económica hecha unos zorros a los ojos de la gente.

Como dice Huerta de Soto rescatando la frase inicial de "La acción humana", la Economía es la más joven de todas las ciencias, porque tenía el encargo más difícil de todas. Esta recién llegada en el panorama de las ciencias ha sufrido mucho por parte de la mayoría de sus estudiosos que no han sabido percibir las particularidades inherentes a una disciplina tan peculiar. Entre las tendencias más dañinas ha estado la de asimilar la Economía con las Ciencias Físicas. Esto suponía reducir el estudio de las relaciones catalácticas y derivadas a esquemas, gráficas, fórmulas y leyes estáticas que nunca representaban el dinamismo inherente al orden social. Significaba también que el éxito de la Economía radicaba en su capacidad para establecer leyes infrangibles que permitieran realizar predicciones y reducir la infinita casuística de las relaciones sociales a ejemplos paradigmáticos aislables y reproducibles como los experimentos que en un laboratorio pueden llevar a cabo los estudiosos de las Ciencias Físicas.

Evidentemente, de esa visión sólo puede surgir el fracaso. El libro demuestra el hartazgo que la gente no versada en Economía suele tener de las explicaciones siempre a posteriori que realizan los supuestos expertos.
¿Por qué no avisó usted de que se estaba fraguando esto antes de que ocurriera?
¿Cómo quiere que nos fiemos de usted cuando nos explica lo ocurrido ayer cuando antes de ayer decía otra cosa sobre lo que iba a suceder?
Al calor de la crisis, estas preguntas sostienen la afirmación central del libro: que la economía es básicamente, una monserga.




Esta tesis surge de la previa: la de considerar la Economía como una disciplina similar a una ciencia física. Al demostrarse que la Economía falla (o mejor dicho, los economistas mainstream fallan) a la hora de predecir los acontecimientos económicos, cabe afirmar que la Economía "no es una ciencia" (al menos bajo esa concepción) y que por tanto, no existe.

Si redujéramos la Biología a supersticiones como la tesis de la generación espontánea, el creacionismo, la herencia por las generaciones posteriores de los caracteres adquiridos por las generaciones anteriores y mentiras similares, la Biología quedaría sustancialmente dañada y denigrada como Ciencia en cuanto se contrastaran esas tesis erróneas con la realidad. De igual modo, la asunción acrítica y sumisa de los instrumentos neoclásicos y de las tesis keynesianas denigran la Ciencia Económica sin remisión. Del contraste entre "la monserga" dominante y la realidad observable, surge la falta de credibilidad en torno a una disciplina tan vital como la Economía.

Obviamente, aquí es donde tenemos que poner pie en pared e indicar que no todas las corrientes de pensamiento económico dicen lo mismo. Decir bien claro que la Escuela Austríaca de pensamiento económico conoce e investiga las peculiaridades de la ciencia económica como ciencia social inserta en una rama aún más amplia que investiga la acción humana (la praxeología) y que los argumentos de esta escuela ya mostraron la génesis de distintas crisis antes de que se produjeran (Mises, con el crash de 1929) y explican de manera consistente y aún no rebatida distintas crisis acaecidas en el seno del capitalismo (al respecto, muy recomendables los vídeos de "Las siete crisis capitales" en la web AUSTROLIBERALES), incluida la crisis actual.

Al igual que las Ciencias Físicas han ido avanzando desechando hipótesis erróneas, es de esperar que la Economía haga lo propio y mediante el procedimiento de prueba y error y la falsación (en la medida en la que las tesis económicas pueden ser falsadas mediante la observación de la realidad y no orquestando ominosos experimentos sociales que suelen causar graves e inabarcables sufrimientos) pueda avanzar hacia una serie de verdades autoevidentes y cuyo mero intento de negación supone la confirmación (como el argumento misiano de la acción humana).
Si bien existe un poderoso impedimento que en muchas otras ciencias no se ha dado o no ha sido tan sólido: al poder le interesa la perpetuación de paradigmas económicos erróneos sencillamente porque justifican un mayor grado de intervención social y de acumulación de más poder. Es éste y no otro el verdadero enemigo del liberalismo en general y del austroliberalismo en particular. Una lucha compleja y que siendo sinceros, es obvio que los liberales llevamos perdiendo durante mucho tiempo. Una lucha de erosión del poder estatal donde minarquistas y ancaps, a pesar de lo que nos separa, podríamos hacer una cuña común hasta un punto determinado del camino en el que fuera imprescindible una separación.

La culpa de que la gente vea en la Economía un cuento o una mentira, no es de la Economía, sino de las tesis erróneas que dominan la misma. La mentira siempre esclaviza. La verdad, libera.

jueves 10 de septiembre de 2009

La corrupción antiliberal del concepto de clase media.

Hogaño, la clase media es el grupo social más numeroso en las sociedades occidentales. Pero repasando la Historia comprobamos que el surgimiento de las clases medias es muy reciente. No es hasta la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII cuando puede entreverse la aparición de esta como un reducto en principio minoritario de una sociedad estratificada y estática, donde las posibilidades de modificar el estatus con el que se nacía (sobre todo “al alza”), eran mínimas. Generalmente, sólo eventos como la adopción, el matrimonio o cuestiones más improbables como una herencia generosa por parte de un no familiar (algo especialmente complicado en el Derecho Continental, donde la discrecionalidad del causante al redactar el testamento está muy limitada) podrían hacer que una persona “escalara” en el estrato social.

Siguiendo las tesis de Max Weber, desde un punto de vista económico, podemos considerar clases medias a aquellas que no poseen suficiente capital como para vivir del interés creado por este (lo que normalmente llamamos, “vivir de las rentas”). Así pues, estos individuos deben gestionar directamente ese capital para procurar su incremento o al menos su pervivencia. La gestión de ese capital suele suponer actividad empresarial. La adquisición mediante el trabajo de un capital que asegure un nivel determinado de vida, supone la actividad de trabajador por cuenta ajena, asalariado. Hoy día y gracias al capitalismo y al desarrollo tecnológico y científico, un humilde asalariado puede tener un nivel de vida claramente superior al de un aristócrata de hace unas décadas.

El surgimiento de las clases medias es paralelo al del capitalismo y al desarrollo del libre-mercado. Estos caminos fuertemente unidos conllevan la visión de que una erosión del mercado libre supone una erosión del desarrollo del nivel de vida de las clases medias. A priori, la afirmación puede parecer excesivamente intuitiva, pero hay muchos indicios que refuerzan el aserto.

La división del trabajo con su consiguiente especialización e incremento de los mercados, la abolición de fronteras comerciales, la multiplicación de la competencia, la ampliación del número de asalariados y el mecanismo capitalista de los precios de mercado, produjeron que muchos individuos que apenas subsistían con salarios menesterosos lograran para sí y los suyos un nivel de vida que a priori no hubieran ni imaginado. La multiplicación de los bienes en circulación, el crecimiento exponencial de los intercambios comerciales y el surgimiento de especialidades laborales cada vez más específicas, fomentaron que numerosas personas dieran el salto de asalariados a comerciantes y de comerciantes a empresarios. La extensión del mercado ofrece más posibilidades y alternativas para que las personas emprendedoras o con cualidades específicas, puedan ofrecer servicios o bienes cada vez más especializados, obteniendo grandes primas de beneficios cuando son pioneros en ofrecer productos nuevos al mercado.

La extensión y el reconocimiento del derecho de propiedad es uno de los grandes motores que permite el surgimiento y consolidación de una clase media que puede erigirse en el verdadero y principal impulso económico de la sociedad, y así reclamar una parcela de influencia que erosione la concentración del poder en pocas manos (nobleza, clero, aristocracia, terratenientes). Por tanto, cualquier ataque contra el derecho de propiedad debe ser temido por las clases medias. El derecho de propiedad es un fabuloso seguro a favor de los que menos tienen (que precisamente por eso no pueden permitirse que se les expropie lo poco que tienen), no tanto a favor de los que más. Desgraciadamente, el socialismo ha logrado convencer a muchos exactamente de lo contrario.

Inherente al desarrollo de la clase media es el carácter emprendedor, la visión positiva del éxito empresarial (no la condena por egoísmo que cierto pobrismo católico -heredado por el socialismo- ha hecho y que ha degenerado en convertir al ciudadano que logra éxito con su esfuerzo en un sospechoso de avaricia e insolidaridad), y el legítimo ánimo de lucro como motor de una sociedad cohesionada en torno a valores sedimentados por la evolución social y no en torno a leyes mudables que plasman las ocurrencias de políticos caprichosos.

Desgraciadamente, hoy en día gran parte de la clase media ha abandonado la visión de sí misma como un ente de luchadores y la ha sustituido por una visión de un ente subsidiado que no busca soluciones a sus problemas, sino que implora soluciones al Estado. Soluciones siempre cortoplacistas que aunque puedan beneficiar a un grupo específico, lo hacen a costa de perjudicar al resto. Los subsidios del PER, son el ejemplo paradigmático. También las numerosas prejubilaciones masivas que se conceden con manga ancha. Las leyes de discriminación positiva o la vulneración del principio de igualdad en leyes penales con la excusa de luchar contra la violencia mal llamada “de género” suponen parches. Parches que se cree que benefician a grupos concretos (aunque luego se vea que no siempre) pero que erosionan la visión de la sociedad como un organismo interconectado por mecanismos sutiles y complejos que el planificador central no alcanza a intuir y menos a comprender. El planificador irrumpe en esos mecanismos sutiles desgarrando los contrapesos y posibilidades autocorrectoras de la sociedad.

Cuando leemos programas electorales o propuestas de gobierno de unos y otros partidos o vemos debates políticos, comprobamos hasta qué punto nuestra sociedad ha perdido capacidad de emprender. La mayoría de la gente mira al político pidiéndole que le arreglen sus problemas. No le piden que deje de estorbarles para que podamos arreglárnoslos nosotros. Como niños pequeños ante un padre omnipotente, como si el Estado hubiera sucedido al concepto de Dios, se le pide (apenas disfrazada la súplica de exigencia democrática) al Gobierno que nos haga nuestro trabajo. Los políticos, esos tahúres feriantes que maximizan su beneficio cuando logran confundirlo con el del país que corrompen, toman nota y de ahí que las propuestas estrella de las elecciones o debates sean siempre los subsidios, las ayudas, las leyes asistenciales, las subidas de las pensiones, el engrose del gasto público en tal o cual área o la ayuda descarada a tal o cual grupo de presión (al final la lista de grupos es tan amplia que logran engañar a la gente pensando que les van a beneficiar especialmente a cada uno de ellos ocultando que en realidad perjudican a todos). El funesto “Plan E”, los 400 euros, los subsidios al alquiler, la prestación adicional a parados de larga duración, las subvenciones a promotores y constructores, los rescates infames a los bancos, el PER, las subvenciones al cine español… Todo fomenta que el ciudadano no quiera solucionar sus asuntos, sino pertenecer a un grupo beneficiado por el poder y abandonarse placenteramente a que le solucionen la vida a costa de los demás. Pero la trampa es que cuando se promete lo mismo a todos, en realidad sólo se puede cumplir la promesa a unos pocos (a los de siempre, los amigotes del poderoso) a costa de perjudicar a todos los engañados.

Pero nadie podrá decir que no nos lo merecemos. Será la consecuencia inevitable de olvidar de dónde surgió la clase media: del libre mercado, de la abolición de los límites al comercio, del fomento de los intercambios económicos a todos los niveles y del carácter emprendedor de aquellos que querían ser dueños de su presente y de su futuro, y no esperar a la dádiva mentirosa y contraproducente de otros que no generan riqueza, sino que expolian y administran caprichosamente la que generamos los demás.

El socialismo ha logrado corromper el concepto de clase media, convirtiéndola en una clase subsidiada y que espera inerme la subvención perenne como una droga insensibilizadora. De romper con esta visión socialista y recuperar la iniciativa y ser dueños de nuestro destino, depende el tipo de sociedad que construyamos.

Nosotros decidimos. Aún estamos a tiempo.

Articulo inicialmente publicado en las webs CLASES MEDIAS ARAGÓN y EL LIBREPENSADOR.

domingo 16 de agosto de 2009

Debate sobre el hijab: respuesta a Daniel Ballesteros.

En su entrada de hoy, Daniel Ballesteros propone una serie de reflexiones no tanto sobre el uso de esa prenda que cubre las cabezas de muchas mujeres muslmanas, sino sobre la crítica fácil y poco fundada que suele realizarse a su uso. Tiene Ballesteros la sana costumbre de poner en solfa las argumentaciones que vertidas desde una fachada de liberalismo, resultan esconder poco más que la opinión de moda, generalmente envenenada de hiprogresía.

No obstante, como pienso que sí que puede haber una clara crítica a la imposición del hijab desde posturas verdaderamente liberales, recojo el guante lanzado en su post de hoy para responderle. Dice Daniel:





Respecto al pañuelito, debo decir que me parece aceptable y no veo motivos importantes para condenarlo o prohibirlo. Al menos no veo por qué tantos liberales protestan contra un pañuelo que pretende alejar pensamientos "impúdicos", mientras que ven como algo totalmente aceptable que haya mujeres en top-less en las playas y parques públicos.





Aquí coincido con él. Si acaso, considero que hay que diferenciar entre el uso del pañuelo y la imposición del mismo. Lo complicado estará en concretar cuando el uso es voluntario y cuando no. Los estatistas suelen identificar hecho y causa con demasiada asiduidad y cuando algo no les gusta, consideran que el hecho sólo puede devenir de su causa, esto es, piensan que siempre que una mujer viste hijab, se debe no a una elección propia sino a una imposición ajena. Los liberales, creo yo, que tenemos que asumir que en la inmensa mayoría de los casos seremos incapaces de discernir si la mujer empañolada es víctima de una imposición o demuestra su creencia religiosa voluntariamente. Que el Estado se meta en ese ámbito, sin duda causaría más transtornos de los que pretende arreglar. La prohibición de símbolos religiosos (que muchas veces están inextricablemente compenetrados o configurados con usos sociales) supone un ataque a la libertad, mayor del que supone el riesgo de imposición de esos símbolso en el ámbito familiar.

Por esta misma razón, si persiguiéramos el uso del hijab, la kipá judía o el crucifijo cristiano, nuestra sociedad no sería tan distinta de aquellas que obligan al uso de cualquier elemento similar a los mencionados.


También coincido con Ballesteros en el siguiente brillante párrafo:





Y es que cualquier vestimenta o complemento (incluso el desnudo) que empleemos en nuestra vida diaria tiene como objeto transmitir un mensaje a los demás: [...] ¿por qué entonces las musulmanas no pueden vestir como quieran? Pues la respuesta está en que a muchos no les gusta que se ataque el modelo de sociedad que creen que es idóneo y que, entre otras cosas, se caracteriza por la trivialización de la sexualidad, la cosificación de la mujer y el ser humano como hombre-masa.


Sin duda, gran parte de los ataques al pañuelo musulmán unen a dos grupos ideológicos que aunque se odien entre sí y se vean ambos como el contrario del otro, tienen mucho en común: extrema izquierda y extrema derecha. Ambas aspiran a una sociedad homogeneizada, aunque la primera presuma de anhelos multiculturales que se quedan en cuestiones superficiales, viendo a la sociedad como un anuncio de Benetton y sin darse cuenta de que la verdadera heterogeneidad que enriquece ha de estar dentro del cráneo, no en la ropa o en el color de la piel. No es heterogénea una sociedad donde todos opinen igual aunque puedan elegir mil tipos de moda, música u ocio. La extrema derecha, rancia como ella sola, condena el hijab por pura xenofobia. Ambos extremos (que en muchas cosas son hermanos siameses) sueñan con una sociedad estática y diseñada, no dinámica ni espontánea.

Después, Daniel saca a relucir el tema de los crucifijos en las escuelas, aunque lo haga de refilón. Lo hace en un párrafo donde considera hipócrita olvidar las consecuencias que determinados usos sociales tienen en la visión de muchas personas sobre la sexualidad y especialmente sobre el papel de la mujer.

La mujer puede enseñar sus atributos desnudos, el hombre puede ir desnudo también por la calle, ¿por qué no?, ¿qué problema hay? dicen... cuando se les responde diciendo que tales actitudes transmiten un mensaje sexual inadecuado para los niños y que además puede ocasionar reacciones inesperadas por parte de gente que no está en sus cabales, acusan de hacer apología de la violación... ya se sabe... aquello tan manido de: "se lo merece porque estaba pidiendo guerra".

Aquí yo veo que hay un pensamiento único "como un campanu" que decimos en Asturias. Es el pensamiento "progre" de toda la vida, el constructivismo social "progresista" que considera que la mujer debe vestir como una puta y comportarse como una puta para demostrar que es libre... pues no, la mujer también puede vestir como una monja y comportarse como una monja para demostrar que es libre. ¿o es que algunos liberales creen que toda acción procaz de una adolescente es aceptable, pero no el identificarse religiosamente además de hacerse respetar sexualmente poniéndose un pañuelo en la cabeza? Si es así, muy pronto comenzarán a desaparecer los crucifijos de las escuelas (ya ha sucedido), los crucifijos de los pechos, los kipá, las sotanas, los alzacuellos, etc. hasta llegar a la prohibición de procesiones de Semana Santa y las fiestas religiosas.


Respecto a los símbolos religiosos en las escuelas públicas creo que sobran. Pero poco tiene que ver mi postura con el anticlericalismo disfrazado de laicidad (que es lo que practican los progres). La verdadera laicidad, para mí, presupone el respeto hacia la creencia religiosa y el reconocomiento de la misma como inherente a la mayoría de los seres humanos. Entiendo yo que la creencia religiosa es una expresión de intimidad de la persona tan importante (y en muchos casos más aún) que la sexualidad o la opinión política. Es desde esta concepción desde la cual creo firmemente que en lo público debe haber clara separación RESPETUOSA entre la creencia religiosa individual y la prevalencia de una religión sobre otra. En cambio, los progres no son laicos (aunque presuman de ello) pues son claramente anticatólicos y ya no digamos abiertamente judeófobos sino que muchos de ellos son proislámicos. Pero pedirle coherencia a un progre es un acto de crueldad intelectual.

Si a mí se me acusa de coincidir con los progres por estimar que es deseable (aunque no creo que esté entre los cien asuntos más importantes de España) que los crucifijos no estén en las escuelas públicas (en las concertadas o privadas es otro tema), pues pienso que se hace acusación desde un reduccionismo simplista.



Con burka y a lo loco.




Como se ve, voy surcando el post de Daniel afirmando mis coincidencias en muchas cosas (quizá las más importantes) y puntualizando mi discrepancia con ciertos detalles. Finalmente, afirma:




Si somos libres para ir desnudos -algo que ocasionará problemas sociales-, mucho más lo somos para vestir con las ropas y símbolos que consideremos oportunos, sean de carácter religioso o no, siempre y cuando no transmitan mensajes que busquen menoscabar la vida, la libertad o la propiedad de otros. El Islam debe recorrer su propio camino hasta llegar a convertirse en una religión compatible con el mundo moderno;


No me gustan determinadas derivas, y que cierto liberalismo transija con ruedas de molino "progres" [...] me parece aberrante y hace que me pregunte si algunos liberales no estarán llegando, por caminos diferentes, al socialismo fetén. Tenía que decirlo, ya lo he dicho.

Recapitulando, sobre el uso del hijab, entiendo que lo que muchos realmente liberales condenan es la imposición de esa u otra prenda Y TAMBIÉN la imposición de la ausencia de ropa. No se trata de que una mujer sea más libre si se viste y comporta "como una puta" (habría aquí que definir qué es vestir y comportarse como tal y sería una discusión muy subjetiva), sino que los usos de la mujer sean escogidos y no impuestos. Sabemos que el hijab es impuesto en no pocas ocasiones. Consideramos incluso que es inevitable y no necesariamente censurable cuando eso se hace en un ámbito familiar mientras la mujer es menor. Cuando la esposa lleva el hijab por imposición del marido porque este es tan machista (e inseguro) que cree que si su mujer enseña el cabello se está menoscavando su condición de marido y macho dominante sobre su esposa, eso, lo condenamos. Lo complicado es que ese machismo está entremezclado con creencias religiosas (no pocas de ellas abiertamente machistas).


Coincido con Ballesteros en la banalización del sexo, la cosificación de la mujer, el liberalismo de pacotilla y en que el Islam debe recorrer aún un largo camino. Discrepo contigo en que denunciar el hijab sea sistemáticamente una demostración de "progresía". No cuando se denuncia la imposición a un mayor de edad. No cuando se denuncia que muchos musulmanes exigen para su religión unas prebendas que niegan a las demás no sólo en países islámicos sino también en países de raíz judeocristiana.






Anuncio en favor del uso del hijab





Por otra parte, considero que el anuncio que traes a colación en tu post es grotesco y ofensivo. Lo es porque supone la verdadera cosificación de la mujer que tú denuncias. Supone considerar que el hijab es virtuoso no porque haga más libre a la mujer, sino porque la hace más deseable para un hombre. Es decir, es un anuncio bastante más ofensivo, machista y antiliberal que la propia imposición del hijab porque supedita el valor de la mujer a su valía como elemento deseable para un hombre. En ese sentido, la cosificación evidente en el tropo del chupa-chups es lamentablemente acertada, esto es, el publicista ha conseguido transmitir todo su machismo cuando probablemente intentaba lo contrario. De una manera más sutil, el anuncio también es hiriente para el género masculino, ya que lo animaliza hasta el extremo al identificarlo con un ente irracional que sólo es gobernado por sus instintos sexuales y que no puede contenerse ante la "tentación" de una mujer sin tapar (o su cabello).



Sobre las posturas que yendo de "soy-más-liberal-que-nadie-y-me-molo-a-mí-mismo-pero-formo-parte-del-pensamiento-único", entiendo que son algo irritantes, sobre todo cuando pretenden sentar cátedra y dan lecciones de liberalismo desde un púlpito sólo sostenido por su vanidad, pero tampoco me preocuparía mucho por ellas, pues suelen acabar retratándose con sus contradicciones más pronto que tarde.

viernes 14 de agosto de 2009

Austroliberales: un nuevo proyecto liberal en la web.

En el agregador de blogs liberales Círculo Liberal, al que tengo el honor de pertenecer, existen diversas bitácoras interesantes y lo que es más importante, con puntos de vista distintos a pesar de que el liberalismo sea el leit motiv de casi todas ellas. Más adelante repararé en los blogs que considero de mayor interés. Hoy, no obstante, quisiera mencionar especialmente al blog En verdad te digo y a su autor, Daniel Ballesteros Calderón.

Ballesteros es un economista asturiano colaborador del Instituto Juan de Mariana, del que ha sido ponente en varias ocasiones. Hace meses publicó un polémico artículo contra la legalización de las drogas duras que fomentó un interesante debate con Albert Esplugas, donde tengo la intención (si logro sacar tiempo) de aportar mi punto de vista. Blogs como el de Ballesteros logran que el pensamiento liberal de la web hispana no resulte monocorde ni monolítico. Es necesario plantearse no pocos temas, aunque eso suponga asumir que el liberalismo no es una sola voz y existen corrientes que pueden divergir en sus propuestas.





Recientemente, este mismo blogger ha emprendido un ilusionante proyecto consistente en fomentar la perspectiva austríaca del liberalismo. La web Austroliberales busca hacerse un hueco en el difícil mundo del pensamiento liberal en internet. Hay muchos que se ponen la etiqueta de liberales, pero bastantes menos que van más allá de la etiqueta.

El proyecto apenas ha echado a andar pero existen algunos artículos de colaboradores de renombre, como Adrián Ravier sobre la reforma del sistema público de pensiones, Gabriel Zanotti sobre la escasez como base realista de la economía, y Nicolás Cachanosky acerca de los límites que ha de tener el Estado (una vez asumida su necesidad). Sin olvidar las acertadas aportaciones del propio Ballesteros, que recientemente ha publicado en la citada web, en el IJM y en Asturias Liberal, un desmitificador estudio sobre las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz. Otro colaborador destacado es el director de la revista Asturias Liberal, Joaquín Santiago Rubio, quien publica un diáfano artículo sobre la visión "austríaca" de las Instituciones sociales.

A todos los que les interese este proyecto, quiero animarles a acercarse a él y si consideran que pueden aportar, que contacten con su director al respecto. Por mi parte, quiero agradecerle a Daniel Ballesteros su confianza, que intentaré no defraudar; es un reto aprender de gente de la talla de los colaboradores e intentar no desentonar demasiado con lo que pueda aportar a partir de ahora.

La batalla de las ideas merece lucharse, aunque "sólo" sea por lo que aprendemos llevándola a cabo. Nos vemos, a partir de ahora, también en www.austroliberales.com .

sábado 18 de julio de 2009

Israel ataca Palestina con chicles afrodisíacos

¡Jodíos judíos!No sólo controlan las finanzas mundiales y conspiran para gobernar el orbe en la sombra como dejó claro el incontestable "Protocolo de los sabios de Sion". No sólo se alían con burgueses en ocasiones y con marxistas otras, como nos instruyó el bueno de Adolf en aquel libro que escribió en la cárcel tras el glorioso "Putz". Ahora, además, usan nuestros instintos para dominarnos. El infame estado de Israel (a ver si Irán y los santos mártires nos libran de una vez de él) ha iniciado una ofensiva a la altura moral de sí mismo. El primer paso es Gaza, pero la franja palestina es sólo el campo de pruebas de un intento de control planetario al que todos nos veremos sometidos de no confrontar esa raza condenada. Resulta que el Mossad y el Ejército Israelí están filtrando chicles afrodisíacos para pervertir a la juventud palestina e impedir así que se centren en los actos que les fijarán en la eternidad (detonarse en una discoteca abarrotada de Tel-Aviv, por ejemplo). Afortunadamente, la policía de HAMÁS, esa tradicionalista organización benéfica que cuida del bienestar de los palestinos, ha capturado a contrabandistas del letal chicle que han confesado (al final les pudo la mala conciencia ante las preguntas educadas de sus captores, claro) su colaboración con el espionaje hebreo.
Es de esperar que el legítimo gobierno de los palestinos, bien asesorado por los Guardianes de la Revolución iraníes, sepa abortar el peligro y salvar así al mundo de este nuevo complot judío. No estaría de más una prohibición del chicle, que al fin y al cabo tiene pinta de ser un invento del decadente Occidente donde (al menos en el hemisferio norte) estos calores veraniegos nos hacen soportar la impía visión de mujeres destapadas hasta la infamia absoluta.Menos mal que aún quedan hombres cuerdos que saben que el chicle es un riesgo capital contra la verdadera civilización. Seguid alerta, hermanos.

miércoles 15 de julio de 2009

El liberalismo aplicado al ciclismo

Sin duda sería grosero aplicar de manera estricta los principios liberales a un deporte. Pero existen modos de comportamiento que se acercan o se alejan más del Liberalismo y que suelen tener los mismos efectos sea cual sea el entorno donde se aplican.

Veamos el ciclismo. Un deporte acosado por sus miserias internas, con su honorabilidad puesta en duda desde hace más de una década y con la permanente sensación de que todos hacen trampas pero unos logran que no les pillen y otros no, se enfrenta ahora a un nuevo debate: el pinganillo. Se trata del auricular por el que el director del equipo ordena a sus ciclistas lo que deben hacer. Roba la espontaneidad del corredor y convierte en factótum a un tío que va toda la etapa en el coche con el aire acondicionado. Evidentemente, resta espectacularidad a la competición.

Hete aquí que la organización del Tour, acostumbrada a hacer y deshacer a su antojo usando a la UCI (Unión Ciclista Internacional) como palmero o báculo de conveniencia, decide probar en dos etapas la supresión del pinganillo de la discordia. Es lo que podemos considerar una práctica intervencionista, incluso aunque como espectadores la veamos como fomentadora del espectáculo. Pero dicho intervencionismo "de buena voluntad" suele tener efectos casi tan malos como el intervencionismo de voluntad menos buena: lograr un escenario peor que el que se quería evitar. De la misma manera que los rescates bancarios impiden el saneamiento del sistema financiero, perpetúan a las entidades menos eficaces y engrosan el déficit público, la supresión del pinganillo logró, en vez de aumentar el espectáculo aniquilarlo por completo. Los equipos pactaron una etapa al ralentí, podríamos decir que "coludieron" para sabotear la competencia, renunciaron a competir entre ellos, arruinando el fruto deseado: la espectacularidad.

Aquí, los equipos ciclistas, especialmente sus directores, se comportan como "lobbys" que no quieren ceder su poder aunque eso suponga perjudicar a su cliente último (que es el espectador). El organismo central que interviene, en vez de propiciar un acuerdo, lo hace mediante un mandato improvisado y torpe (como las medidas anticrisis de los Gobiernos) que no tiene en cuenta la reacción de los agentes a quienes se les impone el mandato. Finalmente, el máximo perjudicado es el que se tiró un par de horas viendo una etapa prescindible y sin historia, de la misma manera que es el ciudadano quien suele ser el más dañado por las intervenciones continuas del Estado, incluso las bienintencionadas.

Sinceramente, en el asunto del pinganillo yo veo una clara moraleja sobre la ineficacia de las medidas intervencionistas incluso cuando son útiles "prima facie".