viernes, 23 de enero de 2009

El mercantilismo rancio de Miguel Sebastián.

No es la primera vez que un miembro del Gobierno que se supone debería saber de economía, nos sorprende con alguna declaración que nos hace temblar pensando que "jo, si esto lo dice uno que se supone que sabe algo, qué podrán decir los que ya reconocen que no saben nada".

Miguel Sebastián ha instado a que los españoles combatamos la crisis y el paro acuciante consumiendo productos españoles. Esto supone reconocer que hay crisis y paro, lo cual ya es un avance con respecto a hace pocos meses (como ven ustedes, si no me consuelo es porque no quiero). Pero la receta del ministro es más típica del dueño sesentón de una tienda de ultramarinos de los años cincuenta que de cualquiera que tenga una mínima pátina de conocimiento económico. No crean que exagero. La "autarquía" franquista (que se vendía como una opción querida por España cuando era una imposición de la comunidad internacional) razonaba igual de torpemente que Sebastián: "si compro algo de fuera, el dinero se va; si lo compro de dentro, se queda".


El caso es que en una economía tan interconectada como la actual, esos planteamientos son ridículos. Imaginemos que los españoles pasamos a consumir Telefónica y Movistar en vez de Vodafone y Orange. Las compañías extranjeras perderían dinero y para ajustar presupuesto despedirían a trabajadores de nuestro país, cerrarían tiendas y reducirían inversiones y pedidos. Lo mismo si dejamos de comprar en el Carrefour para comprar más en El Corte Inglés, Eroski o Mercadona. Se irían al paro la cajera, el reponedor, el limpiador... y las economías en escala de las empresas favorecidas impedirían asimilar todo el trabajo destruido. Además de perjudicar la competencia, con lo que los precios subirían.


Más paro con la receta de Sebastián. El empleo y negocio que absorbieran la empresa española sería menor que el destruido, pero al debilitar la competencia entre compañías, el consumidor vería cómo suben los precios. El principal inconveniente de la receta ministerial es que el español tiene el afán de comprar el producto que mejor le venga a él mismo, no al otro, es decir, el que tenga mejor relación calidad-precio independientemente de su origen. Ya dijo Adam Smith que el interés de todo ciudadano era comprar barato en todo lugar e independientemente del origen del producto.


Pero además, la receta es inviable. ¿Dejará Sebastián de ir en el Audi oficial para emplear un Seat fabricado en Martorell o un Renault en Valladolid? ¿Qué pasará cuando la competencia se distorsione por el nacionalismo económico propuesto por el Gobierno y suban los precios?


La propuesta no sólo es engañosa, es rancia. Destila mercantilismo ignorante y demuestra que este Gobierno ya no tiene ideas. Y lo que es peor, denota el desconocimiento de la situación real de España. ¿Y si dejamos de consumir energía que no sea generada por empresas españolas? Teniendo en cuenta que ENDESA se la acabaron dando a una empresa pública italiana y el que importamos energía en porcentajes más que preocupantes por el capricho de la moratoria nuclear, estamos arreglados. ¿Compraremos velas made in Spain y mantas zamoranas para no gastar energía importada de Francia o Argelia? Y teniendo en cuenta el descomunal déficit comercial que arrastramos, ¿cómo creen que nos quedaríamos de mantener esa política severamente durante meses?

Y lo que es peor: ¿qué pasaría si todos los países se dan al mismo bochornoso nacionalismo económico? ¿Hay que recordar que nuestra principal industria es el turismo, especialmente el de ciudadanos de la Unión Europea?

Pues pasaría que si todos hacen lo mismo, con nuestro déficit comercial, llevamos las de perder. Y el paso siguiente a esa guerra de "sólo compro lo mío" es ineludiblemente "dejo de vender a quien no me caiga bien". De ahí a una vorágine de países boicoteándose y embargándose comercialmente unos a otros, sólo hay un paso. Y ya saben lo que decía Bastiat, "si las mercancías no pueden cruzar las fronteras, lo harán los soldados". Un ministro no debería decir tonterías.

Pero claro, si ése fuera un requisito legal, mañana dimitiría el Gobierno en pleno.



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