martes, 9 de diciembre de 2008

ZAPATERO, EL "NEOCON".

"La crisis es causa de los políticos neoconservadores que proliferaron tras Reagan y a los que tanto aplaudieron Aznar y Rajoy".

La frase la soltó el Presidente del Gobierno en uno de esos mítines donde suele enterrar su ya de de por sí escasa coherencia. Las intenciones claras son exculparse a sí mismo de cualquier responsabilidad en la situación económica española y culpabilizar al PP, vinculando a su actual líder con el denostado anterior y a su vez con el “Gran Satán” norteamericano. Políticamente es una frase hábil, exitosa por el eco multiplicado de la prensa adicta.



Pero hete aquí que más allá del “la culpa es de los otros, a mí no me miréis”, cabe analizar las medidas contra la crisis tomadas por ese repudiado conservadurismo norteamericano y por el autodenominado “demócrata participativo” y “republicanista cívico” que nos preside.

A principios de 2008, Bush anunció una devolución de entre 400 y 800 dólares al contribuyente, poniendo un tope de ingresos, con la intención de estimular el consumo y dinamizar la economía. A pocas semanas de las elecciones (aunque de manera desinteresada, sin duda) el candidato del PSOE a la reelección anunció la misma medida, condicionada, eso sí, a su victoria electoral (seguramente por motivos técnicos, no piense usted mal). Aquí fueron 400 euros, al cambio, algo más de 500 dólares pero sin diferenciar entre los niveles de renta de los “agraciados”. Ha sido una de las muy pocas promesas electorales más o menos cumplidas, a cambio de la inmolación del ya previamente maltrecho superávit del Estado.

Los fines perseguidos por la medida eran los mismos a ambos lados del Atlántico (si obviamos las elecciones) y sus resultados han sido idénticamente nulos como se está viendo.

En julio pasado, la Administración Bush aprobó una serie de medidas para ayudar al sector inmobiliario usando dinero público. A principios de septiembre el jefe del Ejecutivo anunciando en el Congreso créditos blandos para los promotores y constructores inmobiliarios por valor de 3 millardos de euros. En el caso español existe el agravante de que apenas 48 horas antes en pleno éxtasis mitinero, el Presidente indicaba que no daría ni un euro a ese mismo sector. Coherencia pura. Lo decía, además, con una frase (“que no ME vengan a pedir dinero…”) donde el pronombre reflexivo delata la visión que de los fondos públicos tiene el personaje.


El pasado 3 de octubre, el Congreso de los EE. UU. aprobaba el plan del Secretario del Tesoro (el equivalente a nuestro Ministro de Economía) Henry Paulson, de inyectar en torno a 500 millardos de euros en el sector financiero. Apenas 72 horas después, tras reunirse con altos directivos de los bancos (y hacerse una foto que a todos nos ha dejado mucho más tranquilos, ¿verdad?), el Presidente anunció la misma medida a escala española: la inyección de 50 millardos de euros en el sector financiero, un 10% del importe de la “neocon” medida estadounidense, pero con nuestro ya inexistente superávit (gracias entre otros motivos a la promesa de los 400 euros).

Dice el Presidente que dicha cantidad no será para adquirir activos “tóxicos” sino “sanos”, esto es, hipotecas sin riesgo de impago (curioso, porque precisamente esos activos no dan problemas de liquidez a los bancos). Alguien debería explicarle que con el desempleo creciente y la morosidad disparándose lo que hoy es un activo sano, mañana puede ser tóxico (hipotecas que dejan de poder pagarse porque su titular pierde su empleo o deja de poder afrontar el pago por otros motivos).

A ambos lados del Atlántico se nos dijo que estas faraónicas inyecciones de liquidez “estabilizarían los mercados”. No obstante, el IBEX-35 ha encadenado los mayores derrumbes de su historia y el Dow-Jones sigue en picado tras las aprobaciones de dichas medidas gemelas.

El problema está en que los bancos “inyectados” usarán ese dinero para tapar algunos de sus muchos agujeros pero no para prestarlo a los particulares ni tampoco entre los propios bancos debido a la desconfianza respecto a impagos futuros y el desconocimiento sobre dónde están y qué bancos tienen más activos tóxicos.

Como vemos, el “neocon” Bush y el socialista Rodríguez actúan igual. O el gobierno de EE. UU se hace el socialista o el español se ha vuelto “neocon”. Hay una opción intermedia (por la que me inclino) que es que los conservadores y los socialistas padecen patologías intervencionistas muy similares. Imposible no acordarse de Friedrich August Hayek cuando en “Camino de servidumbre” comienza la obra dedicándosela “a los socialistas de todos los partidos”.

Nuestro Presidente debería de explicar por qué tras despotricar contra ellos, está calcando la política económica de quienes, según él, nos han llevado a esta crisis (política que no es más que el paroxismo del intervencionismo practicado desde hace décadas). Pero en el campo de la coherencia, Zapatero ni está ni se le espera.

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