miércoles, 10 de diciembre de 2008

Felipe González se cae del caballo.

Y no ha sido camino de Damasco, sino en el diario zapateril "Público", donde el político que más años ha desempeñado la Presidencia del Gobierno en nuestra joven Democracia suelta frases como ésta:


Lo dice a raíz de las declaraciones del presidente electo Obama anunciando la creación de dos millones y medio de empleos (Harry Potter mediante, suponemos). González, persona de vanidad hipertrofiada, no ha podido resistirse a la tentación de disfrazarse de maestro en comparación con el joven afroamericano que ocupará la Casa Blanca. Probablemente la intención de sus frases vayan más por la búsqueda de protagonismo al rebufo de la atracción hipnótica que los medios padecen en torno a Obama que por un reconocimiento del fracaso inherente a las políticas intervencionistas. Pero con todo, suelta frases que ningún liberal puede criticar, por ejemplo:


Ya me callé para siempre, porque los empleos los dan los empleadores, y no el Estado".


Pues podría haberse dado cuenta bastante antes y nos habría ahorrado muchos quebraderos de cabeza durante lustros. Pero como hay gente que necesita el fracaso contumaz para espabilar, háganos el favor de decirle esa frase bien clarita a Rodríguez Zapatero, Celestino Corbacho (al que el título de Ministro de Trabajo le sienta como un mal chiste) y a Manuel Chaves (Manolo, como lo llama con paternalismo condescenciente González), verdadero tridente del desempleo patrio mucho más dañino que Messi, Etoo y Bojan juntos.


Efectivamente, señor González, el Estado no crea empleo (no sin destruirlo en otros ámbitos de los que dice crearlo). En el mejor de los casos, puede crear condiciones propicias para que la sociedad los cree, y esas condiciones suelen implicar que el Estado se quite de en medio.


Tras este rapto de pragmatismo antisocialista, ¿podemos esperar que González condene el PER y abogue por su supresión? ¿Aconsejará desterrar el keynesianismo redivivo que Zapatero enarbola como bálsamo de Fierabrás contra la crisis? ¿Apoyará una reducción del funcionariado y un estado mínimo?

Entiendo la sonrisa en la cara del lector de las anteriores preguntas.

Dice también González que "Puede haber mercados sin democracias, pero es imposible que haya democracia sin mercados". Pues sí. ¿Cabe mayor confesión de la inmoralidad ética y humana del socialismo?

Con todo, estas declaraciones no pueden ser vistas como un cruce del Rubbicon ideológico por parte de alguien que ya ha demostrado sobradamente su oportunismo e incoherencia. En mi humilde opinión, la explicación más plausible es psicológica. González necesita sentirse respetado como alguien de referencia y cuando se ha vivido el poder tan desde dentro, es obvio que se aprenden ciertas verdades que -curiosamente- desmienten los idearios colectivistas. Pero González no será capaz de reconocer la inconveniencia del socialismo. Sólo busca atención, que le vean como un viejo zorro con algo que decir, alguien a quien apreciar y por eso su énfasis en poner en cuarentena las promesas de Obama, quien ni sabe ni le importa lo más mínimo sobre qué consejos le puede decir un socialista trasnochado (afortunadamente para los EE. UU.) aunque tenga el riesgo de cometer errores similares.


Eso sí, es útil recalcar ciertas frases de González aunque sólo sea para ver cómo rabian los progres y la incoherencia de algunos de ellos. ¿Os imagináis la reacción de los sindicatos y los comunistas si Aznar hubiera dicho lo mismo?


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada