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jueves, 18 de marzo de 2010

Idioticiario: paso al "number one", JL-ZP

Llevo lustros pensando que a cualquier político se le destroza echando mano de la hemeroteca. Pero bien es cierto que unos son más vulnerables que otros. La caradura, el cortoplacismo y la incoherencia de nuestros "hombres públicos" (si a las políticas las denomino "mujeres públicas" aplicando la igualdad radical lingüística, Bibiana Aído me tacharía de machista... y si no aplico esa igualdad radical lingüística... también) es abundante, pero ha sido repartida con desigualdad.

Por ello ha sido inevitable que en esta segunda entrega del Idioticiario aparezca ya el "number one" a la hora de decir chorradas. Como el caladero donde pescar sus idioteces es demasiado amplio, profundo y feraz, he querido circunscribir la entrada de hoy a aquellas declaraciones más altisonantes o vehementes con respecto a la crisis, en el mismo sentido que las recopiladas de Solbes en la entrada anterior.


Siguiendo el mismo esquema que el que fuera su Ministro de Econosuya, ZP comenzó negando la mayor y poniendo a caldo a quienes hablaban de crisis. No sólo eso, sino que nos pintaba la legislatura como un paraíso de prosperidad al alcance de la mano, todo al mínimo precio de entregarle nuestro voto:



3 de julio de 2007 - Congreso de los Diputados. Zapatero: «Lo enunciaré de forma sencilla pero ambiciosa: la próxima legislatura lograremos el pleno empleo en España. No lo quiero con carácter coyuntural, lo quiero definitivo».



21 de agosto de 2007 Zapatero: » España está a salvo de la crisis financiera».


6 de septiembre de 2007 Zapatero: «Tenemos la tasa de paro más baja de la historia. El modelo económico español es un modelo internacional de solvencia y eficiencia».


Se acercaban las elecciones generales de marzo del 2008 y no sólo había que negar lo que era algo más que una comidilla mundial, sino que era necesario sacar pecho. Para el pueblo embrutecido, siempre son útiles los símiles populares:



11 de septiembre de 2007
Zapatero: » Haciendo uso de un símil futbolístico, se podría decir que España ha entrado en la Champions League de la economía mundial».



16 de octubre de 2007 Zapatero:

»No hay atisbo de recesión económica . La economía española tiene muy buenos fundamentos».



Si bien siempre hay algunos desalmados que se atreven a contradecir a un líder socialista, ya sabemos de qué ralea son:


9 de enero de 2008 Zapatero:

» Crear un alarmismo injustificado en torno a la economía de un país puede dañar las expectativas. Permítanme que diga que es lo menos patriótico que conozco».


14 de enero de 2008 Zapatero:

» La crisis es una falacia, puro catastrofismo . Estamos creciendo por encima del 3%. Aunque mañana crezcamos al 3% o al 2,8%, que es un crecimiento bueno, vamos a seguir creando empleo y teniendo superávit».






No contento con presumir, Zapatero saca una de sus características menos digeribles, que es la de dar lecciones de integridad y honestidad a los demás, como hizo sobe cuestiones económicas ante uno de los debates electorales con Rajoy:


25 de febrero de 2008 Zapatero: «Las cuentas públicas han tenido superávit todos los años, 70.000 millones de euros de superávit, que nos permiten tener una garantía, una fortaleza para atender cualquier necesidad. La desaceleración no va a ser ni profunda ni prolongada. Va a ser una desaceleración para la cual nuestro país está más preparado que nadie. Debería haber tomado nota del debate entre el señor Solbes y el señor Pizarro, para darse cuenta de que no vale la demagogia en la economía».


A sólo unos días de las elecciones, se veía dispuesto y necesitado de echar el órdago:



3 de marzo de 2008
Zapatero: » Prometo crear 2 millones de nuevos empleos».


7 de marzo de 2008
Zapatero: » España está en condiciones para llegar al pleno empleo».


Con las elecciones ganadas y el partido rendido a su liderazgo absoluto, no pudo resistir traer unas expectativas paradisíacas:



26 de abril de 2008 - Comité Federal del PSOE.
Zapatero: » La peor previsión de paro que podamos tener por delante será siempre una previsión de paro mejor que la que mejor tuvo el PP».


Sin olvidar a quienes seguían erre que erre (y no ERE que ERE, eso vino un poco después) alertando sobre la dura realidad.


28 de abril de 2008

Zapatero: » La actitud de quienes exageran sobre el alcance de la actual situación económica es antipatriótica, inaceptable y demagógica».


Esa realidad contumaz que le hizo comenzar sus habituales equilibrismos dialécticos:


29 de junio de 2008
Zapatero: « Como todo, es opinable y depende de lo que entendamos por crisis. [...] Por un concepto como el de crisis habría que preguntar a los economistas, y seguramente no se pondrían de acuerdo».

«Más allá de baches como el de ahora, España tiene condiciones para ambicionar llegar a los niveles de empleo de la media europea y de pleno empleo técnico. Vamos a trabajar por ello. El Gobierno ha sido el que más ha acertado en sus previsiones».


2 de julio de 2008
Zapatero: «La economía vive una situación difícil y complicada».


¿La economía? Hombre, no despersonalice usted. Quienes viven una situacion difícil y complicada serán los que no llegan a fin de mes, ¿no cree?

Pero el líder siempre sabe cómo enderezar a esa testaruda realidad. Impagable la cutre llamada al consumo que hace a sus correligionarios (será que ellos sí que llegan a fin de mes).


4 de Julio de 2008 -Comité Federal del PSOE.
Zapatero: » Ser optimistas es algo más que un acto de racionalidad, es una exigencia moral. A trabajar, y también conviene que consumáis».



8 de julio de 2008 Zapatero dice por fin tan evitada la palabra "crisis": » En esta crisis, como ustedes quieren que diga, hay gente que no va a pasar ninguna dificultad».


Pues claro, por ejemplo, esos a quienes les pides que consuman, no te jo...

Eso sí, no nos olvidemos de que la crisis es culpa de los perversos americanos:


27 de agosto de 2008 Zapatero: » Sería absurdo pensar que la crisis originada en EEUU no afecte a la economía internacional en general y a la española en particular «.


Pero para tranquilidad de todos los que confíen en Zapatero (es decir, todos menos los fachas y antipatriotas si es que ambos no son los mismos), resulta que estamos ante la crisis más breve que se recuerde (si cogemos como fecha de inicio cuando el Gobierno la admitió y como fecha de finalización cuando la dieron por finiquitada):


19 de octubre de 2008
Zapatero: » Yo creo que el segundo semestre del año que viene estaremos ya con una actividad económica de crecimiento intertrimestral».


Pero un buen socialista nunca pierde la oportunidad de profundizar su estatismo: que las cosas van bien, motivo de aumento del Gasto Público, que van mal, pues con más razón:


13 de diciembre de 2008
Zapatero: » Nadie quedará a su suerte ante el drama del desempleo . Mi prioridad, es que no haya una sola familia en este país que pueda tener una situación de grave angustia o preocupación por la pérdida del puesto de trabajo».


Y eso de haber negado la crisis, no va con él:


18 de diciembre de 2008 Zapatero: «No; nadie lo sabía «. En cuanto hemos entrado en una situación objetiva de crisis, he sido el primero en hablar de una crisis del sistema financiero internacional y de una crisis económica. En marzo comenzará a crearse empleo de manera intensa».


Pero en todo caso, nada de lo que preocuparse:

29 de abril de 2009
Zapatero: «Es probable que lo peor de la crisis económica haya pasado ya».


Yo ahora me siento mucho más tranquilo. ¿Ustedes no?

viernes, 15 de mayo de 2009

Zapatero y "la doctrina del shock"

Hace algunos años la propagandista (que no economista, ni polemista ni escritora, más quisiera ella) Naomí Klein publicó un libelo titulado en España "La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre".

La canadiense logra superar a Noam Chomsky en el exitoso arte de la manipulación de la historia, de las declaraciones y de los hechos para vituperar al libre-mercado y sus defensores. La tesis central del libro es que en momentos de convulsión social (crisis económicas agudas, desmembramiento de naciones, guerras de todo tipo, desastres naturales,etc) los protervos ultraliberales aprovechan el estado de shock social para aplicar políticas de su ideario, fomentando el capitalismo. Así de simple. Así de falaz.

Para ello se basa en unas declaraciones de Milton Friedman sacadas de contexto y extrapoladas como le interesa. Lo cierto es que el libro es recomendable como muestrario de falacias y desconocimientos sobre el mercado libre. Sinceramente pienso que es tan malo que es buen libro, me explico: leyéndolo tenemos una excepcional síntesis de las tonterías y mentiras a las que los defensores del liberalismo se enfrentan en el día a día.

Glosar todas las inexactitudes, manipulaciones, mentiras, silogismos mal planteados y conclusiones disparatadas que Klein desperdiga por su libro sería muy prolijo y ya lo han hecho gente mucho más preparada que yo, como Nordberg. Por tanto, me detendré sólo en el dato de que la historia deja bien a las claras que el capitalismo florece en tiempos de paz y es restringido —cuando no abolido— en tiempos de convulsión de todo tipo (shock, en la dialéctica de Naomí Klein [lo de "dialéctica" va con ironía, sí]).

La crisis de 1907 fue el germen de la inefable Reserva Federal, las dos guerras mundiales supusieron restricciones comerciales, así como las guerras coloniales o la guerra civil norteamericana. Tras la II GM se sembró el "Wellfare State", la crisis del 29 elevó a Roosevelt y su "New Deal" a los altares y a numerosos totalitarismos fascistas y comunistas en todo el mundo, la OPEP aprovechó las dos Guerras del Golfo para restringir la producción y sacar tajada...

Los ejemplos son tantos y tan numerosos que nadie con mínimos conocimientos históricos y especialmente en los dos últimos siglos puede leer con admiración sincera el libro de Klein.

Y a nivel local, la actual crisis intenta ser aprovechada por Zapatero (ese gran economista) para "cambiar el modelo productivo de España"(!). Atención a la frase:

-Sabemos que lo de "productivo" no sabe lo que es.
-Lo de "España" no parece que lo tenga muy claro, tampoco.
-Lo de "modelo" quizá sea el concepto que menos desconoce de toda la frase.
-El significado de "cambiar" que él entiende es "echar abajo todo lo presente". Por eso pasa lo que pasa cuando dice que quiere cambiar España, claro.

Este intento de decretar por ley cómo tiene que ser el modelo económico del país no es más que una muestra de la fatal arrogancia socialista y típicamente política. Ni que decir tiene que los efectos de su improvisada escapada hacia delante serán perjudiciales, salvo para los que se sientan cómodos vendiendo su voto por 400 euros, un subsidio o un portátil y los lobbies beneficiados por la agradecida chequera socialista.

Zapatero no prestará atención a los efectos secundarios de sus propuestas (el estancamiento de los precios sobrevalorados de los pisos y la congelación de la venta de coches esperando el subsidio). Le da igual, de hecho, mientras la opinión pública tampoco se fije. Lo que quiere es aparentar iniciativa y que no se hable de lo hecho mal, sino de lo que está por hacer, aunque sea aún peor. Es hábil creando cortinas de humo y dirigiendo el interés público adonde le conviene. No tiene ni idea de economía, pero es hábil como político. La combinación perfecta para el desastre. Con la excusa de la crisis pretende dirigirnos y decirnos que no busquemos nuestro propio interés legítimo (algo que a un socialista le parece demasiado egoísta salvo cuando lo hace él).

Me temo que lo peor está por llegar.

martes, 12 de mayo de 2009

La raíz marxista del cáncer sindical

¿Por qué los sindicatos se empeñan en ser parte del problema en vez de ser parte de la solución? ¿Qué ganan ellos presionando para perpetuar políticas que provocan paro y frenan el desarrollo económico? ¿Se trata meramente de un error intelectual o es que en el fondo tienen interés en que la "clase trabajadora" sea rehén de unas condiciones socioeconómicas que le perjudican?

Antes de nada, quiero indicar que conozco a sindicalistas honestos que —independientemente de las confusiones ideológicas que en mi humilde opinión arrastran— realizan una labor encomiable y no pocas veces gratuita o poco remunerada asesorando al trabajador. Los abusos empresariales existen, qué duda cabe. Suelen centrarse en la asimetría de conocimiento sobre la legislación laboral. Lo normal es que los dos firmantes de un contrato sepan lo mismo sobre las condiciones que los obligan, pero la complejidad y heterogeneidad de la legislación laboral (en gran parte debida al intervencionismo estatal) hacen que esta sea mucho mejor conocida por el empleador que por el empleado, lo que da lugar a usos aprovechados y fraudulentos por ese mejor conocedor. Ahí, como asesores e informadores, muchos sindicalistas "rasos" realizan un trabajo de agradecer, verdaderamente útil. No suelen ser los sindicalistas que prosperan en sus organizaciones, al contrario. Quienes suben jerárquicamente suelen ser quienes persiguen las horas de liberado sindical para, lisa y llanamente, trabajar menos (o nada), los que tienen más afán político que solidario. Hay una diferencia tremenda entre las directivas de los sindicatos y algunos de sus miembros de base, tanta como la que se da en los partidos políticos.

Dicho lo cual, menciono dos opiniones que resumen a la perfección la mía sobre el papel actual de los sindicatos. La primera es la del reciente y extraordinario artículo de Juan Ramón Rallo en Libertad Digital, donde deja bien a las claras de qué manera los sindicatos se han convertido en un problema para los trabajadores. Otra opinión es la de un amigo de este blog, José Luis Valladares Fernández en su artículo "postura sindical absurda", a raíz de la manifestación de los sindicatos contra el gobierno autonómico madrileño mientras le bailan el agua al gobierno socialista estatal.

Ahora bien, ¿de dónde viene esta absurda (como bien dice José Luis) y destructiva (como bien explica Rallo) postura sindical? ¿En qué se basan los sindicatos para mantener una línea tan deletérea para los ciudadanos que supuestamente dicen defender?

Mi entrada de hoy intenta explicar la respuesta alegando que los clichés usados por los sindicatos en pleno siglo XXI no son una demostración de modernidad, sino al contrario, una evidencia de su mentalidad anacrónica. Afirmo esto porque considero que se basan directamente en el marxismo, caja de Pandora decimonónica de todos los colectivismos de los últimos 200 años.



1) Teoría del valor:

Todo el aparato conceptual marxista surge de una teoría del valor equivocada. Apoyándose primero en nada menos que Aristóteles (aunque el marxismo tiene claras similitudes con la filosofía platónica de "La República") y en el prestigio de la escuela clásica, Marx fundamenta el valor del fruto del trabajo en el propio trabajo incorporado. Dicho error no es original del de Tréveris, sino que ya lo encontramos nada menos que en Adam Smith y la escuela clásica.
Al propugnar la teoría del valor-trabajo se convierte al obrero en el agregador y creador del valor del producto elaborado. Se le da en exclusiva el mérito del proceso productivo y se genera un concepto ocioso de las personas que no son fácilmente encuadrables bajo el concepto de "obrero". Este es el primer paso de la división maniquea inherente al marxismo y de la que beben los sindicatos. La revolución marginalista y la teoría del valor subjetivo basado en la escasez del producto, no ha sido ni conocida de refilón por los sindicalistas, que como mucho, se habrán apuntado a etiquetar esas teorías como "respuestas de la burguesía reaccionaria" al marxismo.




2) Teoría de la plusvalía:


Si el valor del producto es incorporado por el trabajo del obrero, ¿cómo es posible que quien no incorpora valor alguno (el empresario) obtenga una ganancia? La solución aparentemente lógica es de que el empresariado remunera al trabajador por un importe inferior al valor creado por el obrero, "secuestra" ese valor apropiándose de él. Esto supone una estafa al obrero, estafa que es doble si luego ese producto es vendido a la clase obrera, claro.

Ya tenemos conceptuada a la clase ociosa (empresarios que no aportan valor al producto ya que no trabajan en su elaboración sino en actividades adyacentes, generalmente de explotación del obrero y de reinversión de las ganancias para perpetuar y extender su modelo de negocio) que además basa su beneficio en una apropiación del valor generado por el obrero, apartando a este de un beneficio al que tiene un derecho legítimo.
Eugene von Böhm-Bawerk desarmó esta teoría, pero ¿cuántas personas han oído hablar de él y cuántas sí saben quién fue Karl Marx?

Los sindicatos han amenazado con hacer una huelga general, pero no al Gobierno, sino a los empresarios (!). Aunque el aviso se da al Gobierno para que no "ceda" a las pretensiones empresariales (es decir, para que continúe y profundice las políticas del paro masivo) en realidad el PSOE se adhiere a esa declaración para mandar un mensaje claro: "no me pidáis que tome decisiones buenas para España pero malas para mis expectativas electorales; prefiero un país arruinado con el PSOE en el poder que uno próspero donde puedo no ser el que mande". Ya sabemos, pues, lo que podemos esperar.

3) Lucha de clases:

Esta barbaridad es insostenible sin recurrir al tópico marxista de la lucha de clases. En dicho tópico, la prosperidad es limitada y lo que uno gana lo tiene que perder el otro (algo que comparten con el mercantilismo). Se niega la posibilidad del mercado de crear prosperidad mediante la colaboración pacífica de los individuos. La riqueza parece que "ni se crea ni se destruye, sólo cambia de manos" Así, cuando unos están en crisis es debido a que "otros han especulado y se han aprovechado de la situación o enriquecido demasiado". Nos suenan estas frases como explicativas de la actual crisis,¿verdad? De nada servirá alegar las pérdidas o reducciones en los beneficios que están teniendo las grandes corporaciones ni señalar los muchos empresarios que han tenido que cerrar sus negocios (provocando paro de sus trabajadores). Parece que cuando un empresario cierra, lo hace para fastidiar.

La raíz de este prejuicio la encontramos en el "Manifiesto comunista", donde claramente se divide la sociedad en dos clases que luego fueron explicadas en "El capital": propietarios (burgueses, nobles, etc) y proletarios (quienes no tienen nada y sólo pueden dejarse explotar para subsistir). Marx reduce las clases sociales a tan sólo dos para sembrar entre ellas un antagonismo irreconciliable. O eres de unos o eres de otros. No cabe neutralidad y si la hay es meramente temporal (así, el pequeño burgués acabará siendo desposeído por el burgués, quien le reducirá a la condición de proletario). "O estás conmigo o estás contra mí". Los ecos del evangelio parecen resonar en la obra marxista. Pero el Mesías no es un hombre, sino un ideal: "paz entre pueblos y lucha entre clases". Es el odio lo que sirve de anestesia a los sindicatos. El odio al empresario y al enemigo inventado, por quien sienten una repulsión atávica y a quien creen culpable de todo lo malo.

Lo que quiero hacer ver es que esta forma de pensar tan infantil y maniquea es eficaz porque es sencilla. Es incluso tranquilizadora: proporciona una visión del mundo omniexplicativa. Siempre hay un "malo" a quien culpar de todo y un "bueno" en quien confiar y que nunca traiciona. Es una visión religiosa, pero simplificada al extremo. Marx erigió un imponente armazón filosófico (plagado de errores) pero la verdadera causa de su éxito es que logró dotar a su estructura de muchos elementos típicos de las religiones:

—División de la realidad en una dualidad cerrada e inamovible.

—Explicación de todos los fenómenos visibles. Lo malo es causado por el enemigo eterno.

—Promesa de una vida futura mejor. En las religiones suele ser la vida tras la muerte. Marx no nos hace esperar tanto y nos acerca "el paraíso en la tierra" a cambio del seguimiento ciego de su doctrina. ¿Cómo no va a tener éxito algo así? Además, el triunfo del proletariado sobre los "malos oficiales" Marx lo presenta como inevitable con argumentaciones histórico-filosóficas y cuasicientíficas. Es la manera de lograr la "fe" de los ateos, de los que se autoproclaman racionalistas.


Sé que quien haya leído hasta aquí estará pensando que poquísimos izquierdistas han leído a Marx, como demostró el actual secretario general deIzquierda Unida quedando en ridículo. Pero es que otro de los motivos del furibundo y lamentable éxito de Marx es lo sencillo que es resumir los puntales principales de sus teorías. No sólo escarban en los sentimientos más básicos del hombre (envidia, afán de venganza disfrazado de afán de justicia, justificación de la violencia basada en un ideal que debe realizarse sin cortapisas, sentimiento de predestinación al éxito) sino que son sencillos de transmitir y disfrazar de sentimientos superiores y doctrinas científicas. Es mucho más fácil convencer al inculto si se cree que en vez de violar los derechos ajenos, está ajustando cuentas con todas las injusticias de la Historia y encima adelantando un futuro inevitable. Esa persona se sentirá un instrumento de la Historia, un agente a través del cual el Weltgeist hegeliano realiza su obra y ejecuta el destino.




Todo este ensamblaje fantasmagórico es de donde emanan los sindicatos, armatostes decimonónicos injertados en el siglo XXI. Es curioso que se autodenominen progresistas cuando están entre las fuerzas más conservadoras (quieren conservar su poder y estructuras laborales obsoletas) e involucionistas de cuantas impiden el verdadero progreso de la sociedad. A pie de calle, su única razón de ser es el odio al empresario, anatemizado sistemáticamente desde hace dos cientos años.

domingo, 3 de mayo de 2009

La empanada mental de la Ministra de Economía

Tan sólo unos pocos días ha necesitado Elena Salgado como flamante vicepresidenta segunda y Ministra de Economía para demostrar que Zapatero ha logrado poner al frente del ministerio clave en esta legislatura, a alguien con lamentables carencias para el cargo.

Cierto es que eso no es nuevo y que es práctica socialista el poner a profesionales de la política pero sin formación laboral (y a veces ni siquiera académica) alguna al frente de cargos que deberían exigir cierto cursus honorum previo (Montilla y Joan Clos en el Ministerio de Industria, Corcuera en Interior, Pepe Blanco en Fomento, Bibiana Aído y Magdalena Álvarez en cualquier puesto...). Da la sensación de que por ser socialista, uno ya sea capaz de cualquier labor. Y es que con el carnet del PSOE parece que te den un "master del universo", es decir, sobre todos los campos del saber universal.


Pues la "nueva encargada de sacar al país de la crisis" ha dicho que "Con 800.000 parados más en el último trimestre no se puede decir que el despido sea caro o que haya dificultades para el despido".


La frase no tiene desperdicio desde varios puntos de vista. Veámoslo:


1) El propagandístico:

Salgado desvía la atención de lo principal (los cuatro millones de parados y los ochocientos mil nuevos parados en 3 meses) a lo adyacente: el precio del despido, del que niega que sea caro. Es una acción burda, casi grosera, pero extremadamente eficaz con la opinión pública, especialmente con la más cercana al PSOE que es la que pretenden mantener fiel. Aún hay más trabajadores empleados que en el paro, por tanto hay más gente preocupada de mantener su empleo que gente preocupada de encontrar uno. La gente cree que de abaratarse el despido será más fácil que les echen (algo infundado en el caso de millones de empleados, porque para eso su contrato debería ser posterior a la reforma laboral que abaratara el despido) y por tanto lo que les preocupa es el coste del despido. El PSOE no insiste en que no abaratará el despido porque sean suicidas en la economía, sino porque en lo que no son suicidas es en lo de mantener el poder. Dicen lo que saben (y fomentan que sea así) que mucha gente quiere oír: "No dejaré que puedan echarte del trabajo de manera más barata".


2)El ideológico:

Salgado, al vincular en esa frase la destrucción de empleo con el precio (supuestamente no caro según ella) del despido, está escaqueando el bulto y pasándoselo a los empresarios, ya que da a entender que los nuevos parados lo son por despidos caprichosos de los empleadores y no por la destrucción masiva de empleo y el cierre generalizado de empresas producto de la crisis nacional en consonancia con la internacional. Las empresas no cierran porque quieran y las reconversiones, los EREs y demás, rara vez son por capricho de un empresario aprovechado.


Al socialismo le encanta esa visión del empresariado: ricos hacendados y explotadores que odian al obrero y le expolian. Es una visión inmanente al marxismo, pero sobre todo es una visión mesiánica de sí mismos, los socialistas que vienen a poner Justicia en la tierra y castigar a los ricos. Una visión maniquea de buenos y malos a la que el socialismo ni puede ni quiere renunciar.

3) El económico.

Y aquí es donde ha demostrado Salgado lo poco que sabe (y si lo ha dicho sabiendo, entonces ha demostrado su iniquidad). Da a entender que ha habido 800.000 parados más "pese" al coste del despido: "Con 800.000 parados más al trimestre no se puede decir que el despido sea caro o haya dificultades para el despido".

Insisto en que escuchando y leyendo a la Ministra parece que los 800.000 parados hayan sido despedidos. Muchos han visto cómo sus empresas cerraban, otras liquidaban líneas enteras de negocio y al tener contratados a los empleados mediante un contrato de obra y servicio, sencillamente se ha extinguido la relación contractual. En muchas ocasiones se trata de autónomos que han liquidado el negocio, no se han despedido a sí mismos, señora Ministra. Y sobre todo, hay muchísima gente a la que no se le ha renovado el contrato cuando este finalizaba. Estaría bien que el Ministerio de Trabajo (ese dirigido por un adivino de reconocido prestigio) hiciera públicos los datos sobre cuántos de esos 800.000 nuevos parados han sido despedidos. Apuesto 10 contra uno a que los datos dejarían en evidencia la falacia de la Ministra.

Además, con esa frase, Salgado demuestra que cataloga al precio del despido como una barrera para la extinción de la relación laboral, no para su inicio. Es decir, creen que un despido caro beneficia el mantenimiento del puesto del trabajo, que habrá menos parados si el despido es menos barato. Revisemos el razonamiento obtuso que encierra la frase de Salgado:

Si hay 800.000 parados en 3 meses ===> Significa que el despido no es caro.

Y de ahí les resulta fácil pasar a la siguiente relación:

Si el despido no es caro y hay muchos parados en poco tiempo, con un despido más barato habrá aún más parados.

Un claro caso de non sequitur, ya que, miren ustedes por dónde, los países con despidos más baratos tienen menos paro. Pero además es que ya se ha abonado la mente del votante socialista para invertir más el razonamiento y sostener que encareciendo el despido, se protegerá mejor al trabajador, habrá menos despidos y menos paro, por tanto, al haber más empleo, mejor para todos.

De lo que mucho progre desorientado (valga la redundancia) extraerá la necesidad de aumentar la rigidez del mercado laboral para salir de la crisis. Lo que nos faltaba. Si eso fuera así, prohibamos el despido y todos contentos. A nadie nos podrán echar del trabajo... hasta que quiebre la empresa, ¿o entonces tampoco?

Lo que los socialistas no entienden es que para los (muchos) más de 4 millones de parados, el precio del despido no es una barrera para la extinción de la relación laboral, sino para su inicio. Si viéramos el precio del despido como una doble barrera (no sólo de salida sino también de entrada) a la relación laboral, se entendería mejor por qué en los países con despidos más baratos los porcentajes de desempleo nunca llegan al monstruoso 17% que ahora padecemos.

Pero no nos engañemos: al gobierno no le importa la ruina del país y sus habitantes (una conlleva la otra) sino permanecer en las butacas, por eso su principal mensaje es que no se flexibilizará el mercado laboral que está provocando esta debacle y que se "garantizarán" las prestaciones a los desempleados (a costa de los que trabajan, favoreciendo el no trabajar y abonando el terreno del colapso). Es decir, el gobierno se asegura el sillón diciendo lo que quiere oír una mayoría de la sociedad cuyos conocimientos económicos son aún más parvos que los del propio gobierno, quien se ha encargado durante años de fomentar ese desconocimiento de la opinión pública sobre los aspectos más básicos de la economía.




No hay mejor manera de tener sojuzgado a un pueblo que fomentando su ignorancia.

lunes, 27 de abril de 2009

Pepe Blanco: de "insultador" profesional a factótum de la obra pública


La clave es Galicia. Zapatero no contaba con perder Galicia. Ni él ni nadie. La victoria de Feijóo ha supuesto una sorpresa incluso para el propio PP. Los desmanes del BNG del heroico Anxo Quintana, la campaña de Galicia Bilingüe y el exceso de confianza del propio PSdeG-PSOE hicieron que la pérdida de un solo escaño por los nacionalistas, diera la Xunta a un PP con menos votos que hace 4 años, ante un PSOE que no perdió votos. El PP lo vende como una gran victoria debido a que se esperaba su derrota, obviando el resultado ajustadísimo y los nulos méritos propios, sino deméritos ajenos.


Sin embargo, dicha derrota ha escocido mucho en Moncloa. El plan de Zapatero era que tras el uno de marzo, las tres comunidades autónomas españolas con fuerte sentimiento nacionalista fueran gobernadas por socialistas. Las consecuencias de este hecho sin parangón en la historia democrática serían de gran calado y le permitirían a Zapatero presentarse como el vencedor del nacionalismo, diferenciar su política del PP acusando a este de practicar un frentismo que fomenta el voto nacionalista y teledirigir la política autonómica (con la venia del casi siempre rebelde e incómodo PSC). La legislatura sería diferente. Estuvo a un puñado de votos, a un escaño de lograrlo, el escaño que el BNG cedió ante el PP gallego.






Me sorprende que a muchos analistas les haya pasado desapercibida la causa de la frustración de Zapatero, que no es meramente haber "perdido" Galicia, sino el no tener esa triple corona que supondría Galicia, Euskadi y Cataluña (Galeusca). Las baterías mediáticas estaban prestas a ensalzar al presidente como el gran pacificador de la cuestión nacional española, vendiéndonos la audacia con la que había derrotado a los nacionalismos en sus propios territorios usando para ello la "amabilidad" (lo que para otros es las cesiones continuas al ideario nacionalista) y el "diálogo", el "consenso" y otros conceptos de uso común en la verborrea progre.


El PP, que sigue en la inopia, no parece haberse dado cuenta de la jugada y de lo cerquísima que ha estado el PSOE de lograr ese gambito decisivo para la entronización de Zapatero como forjador de una especia de Pax autonómica zapaterina.


Sí se ha comentado que la derrota por los pelos en Galicia ha acelerado la crisis de Gobierno. Se han sustituido ministros con conocimientos (independientemente de su eficacia) por otros menos letrados (Economía y Cultura) pero mucho más fieles al "líder carismático", que es lo que a Zapatero le importa ahora que vienen mal dadas (lo de arreglar los problemas de la ciudadanía es secundario). Se intentan recomponer los puentes con PRISA para restañar las heridas surgidas de la guerra con Mediapro poniendo al hermano de Gabilondo. Se promociona a una inepta patológica pero profesional de la política como Trinidad Jiménez, cuyo único mérito es de nuevo la fidelidad ciega al líder. Y finalmente, está lo de PP... ¡uy! perdón, lo de Pepe (Blanco).


El hecho de que durante casi 9 años el encargado de la comunicación del PSOE haya sido Pepe Blanco demuestra la poca estima que tiene Zapatero por el intelecto de los españoles. Pepe Blanco ha sido para el presidente algo así como lo que fue Alfonso Guerra para Felipe González mientras se llevaban bien: el necesario Mr. Hyde del Doctor Jekyll. La "cara B", el "poli malo", el encargado de bregar en el fango usando las palabras duras, los argumentos torticeros, las mentiras más arriesgadas que después podrían usarse contra el partido. Que Blanco es un iletrado de razonamientos groseros, mendaz y sin escrúpulos es algo que ha quedado claro demasiadas ocasiones. Pero que nadie le subestime. Su labor ha sido eficacísima.


Ha sido el encargado de decir lo que pensaba Zapatero pero no quería decir para mantener una imagen de hombre de estado moderado y respetuoso. Ha sido el encargado de mentir un día sí y otro también diciendo que el 11-M fue culpa de Aznar por llevarnos a la guerra de Irak aunque la sentencia del caso y la resolución del recurso del Tribunal Supremo desligan el atentado de dicha guerra y de la política internacional del gobierno anterior. Sin embargo, Blanco ha estado diciendo continuamente esta falacia mucho después de la sentencia. También dijo que el atentado en Casablanca contra la Casa de España fue culpa de Aznar y que este había mandado a soldados españoles a la guerra. Mentira, los mandó acabada la guerra y junto a tropas de la mayoría de países europeos. El gobierno Zapatero votó en la ONU a favor del envío de tropas a Irak en el 2004... tras haber retirado las españolas. Toma coherencia.




Blanco ha sido la falsa liebre que ha absorbido las críticas que deberían haber sido dirigidas a Zapatero, haciendo una excelente labor de despiste del adversario y escudo del jefe. Ha sido el encargado de agitar espantajos sobre el Prestige, la Guerra Civil y la falta de liderazgo de Rajoy. Ha dirigido a las huestes mediáticas nacionallistas y socialistas contra Jiménez Losantos, Pío Moa y César Vidal y ha servido de apagafuegos en los centenares de casos de corrupción que tan sólo la prensa no adicta al PSOE publica. Ha logrado envilecer hasta la médula al votante socialista y multiplicar el odio al PP, consiguiendo que incluso por mal que lo haga el PSOE, por muchas mentiras que digan, muchos españoles sean incapaces de votar al PP.






El hecho de que Blanco haya resultado tan eficaz en su labor demuestra hasta qué punto el odio es el principal sentimiento en la opinión política de millones de españoles. En otro país menos visceral, Blanco jamás habría llegado tan lejos.






¿Y por qué le ponen de Ministro de Fomento?






No sólo por el pago de los excelentes servicios prestados, sino para que en el futuro sea el candidato de confianza de Zapatero a la Xunta de Galicia. Descontando que Feijóo agotará los 4 años de legislatura al tener mayoría absoluta, Blanco podrá haber terminado legislatura nacional como ministro habiéndose hecho las fotos con el AVE llegando a Galicia. Un AVE pensado, diseñado y aprobado por el Gobierno Aznar y que llegaría antes a la comunidad atlántica de no haber sido torpedeado por Magdalena Álvarez (aquella que dijo lo del "plan Galicia de mier...") hasta que Touriño presidió la Xunta (el PSOE siempre igual, que les pregunten a los madrileños).


Fomento es el ministerio del gasto público por antonomasia. El que permite mayor lucimiento a su titular, el que puede hacerse más fotos con obras que luego pueden señalarse con el dedo y decir "lo inauguré yo", como si el mérito de una infraestructura elaborada durante una década pudiera llevárselo un señor que han puesto por su fe ciega en el jefe y que —quién lo duda— no tiene ni puñetera idea de nada que no sea el insulto perpetuo al rival.

sábado, 25 de abril de 2009

Los socialistas son más iguales que los demás.

Sé que no le voy a descubrir nada nuevo a nadie, pero no deja de llamarme la atención —aunque cada vez menos— la forma en la que si dices que eres de izquierdas puedes hacer justo lo contrario de lo que predicas.


Tenemos un gobierno cuyo nivel cultural no deja de escarbar en el subsuelo de la indigencia intelectual más vulgar, pero aún así, no se necesita ser culto ni instruido ni brillante para ser coherente. Uno de los blasones dialécticos más visibles del gobierno que padecemos es el de llenarse la boca con grandes conceptos (paz, solidaridad, libertades, equidad...) aunque generalmente los pisoteen con sus actos. Uno de los conceptos e ideas más prostituidas es el de igualdad. Tanto que hasta se han sacado de la manga un ministerio sin competencias, pero con ese nombre (los ministerios de fraternidad y libertad parece que los dejen para mejor ocasión, electoral, se entiende). Como cabía esperar viendo el exitazo del Ministerio de Vivienda, también creado ex novo tras las elecciones (en este caso, las del 2004), el Ministerio de Igualdad no ha tardado nada en convertirse en plataforma de mercadotecnia para la venta e imposición del "producto ideológico socialista". Eso sí, para justificarlo, le han dado el encargo exclusivo de convertir un delito (el aborto) en un derecho, algo que necesariamente debería ser llevado a cabo por el ministerio competente, esto es, el de Justicia (independientemente de nuestra opinión sobre el aborto, que es otro tema más que espinoso).



Para empezar, es de chiste que el Gobierno que ha impulsado el nuevo Estatuto de Cataluña hable de igualdad entre españoles. Pero en esta semana que acaba hemos tenido una clara muestra del concepto de igualdad que maneja el socialismo. El flamante vicepresidente tercero (como si no tuviéramos ya bastante con dos), Manuel Chaves ha prometido al presidente de la comunidad autónoma de las Islas Baleares, el socialista Francesc Antich, que la nueva financiación autonómica reconocerá el crecimiento demográfico de las islas. Hasta ahí bien. Parece una cuestión de justicia (al menos si no ponemos en solfa a ese becerro de oro que es el gasto público, claro, que también sería otro espinoso tema). Lo que pasa es que Chaves afirma que reconocerá ese crecimiento demográfico de Baleares justo tras negarle lo mismo al presidente de Murcia Ramón Luis Valcárcel.



Vamos, que a los murcianos no y a los baleares sí. Huelga decir que hay que ser muy mal pensado para creer que esto tiene que ver con que en Murcia gobierne el PP y en Baleares el PSOE (versión catalano-balear) junto a una miríada de nacionalismos.


Como también hay que ser mal pensado para no entender que según el propio Chaves la aportación estatal a la financiación de Cataluña "no puede quedar por debajo de la media", cosa que sí es posible en el caso de la comunidad de Madrid. Obviamente, de nuevo quien crea que tiene algo que ver el hecho de que Cataluña esté gobernada por un hermano siamés del PSOE y Madrid por el PP de la ultraliberal y neofascista Aguirre, es un paranoico. Sencillamente es que los catalanes sí pueden ser iguales y los madrileños no o mejor dicho, que los ciudadanos gobernados por el socialismo son más iguales que los no gobernados por él.


El caso es que sería deseable que Chaves nos aclarara a aquellos que somos tontos de los cojones, es decir, los que no votamos a la izquierda (incluso aunque tampoco votemos a la derecha o lo hagamos con la nariz tapada y como mal menor), qué comunidades autónomas sí pueden tener una financiación por debajo de la media y cuáles no. Sobre todo porque por misterios matemáticos, si hay una media, necesariamente debe haber elementos que influyen en la determinación de esa media que estén por debajo y por encima de ella.



Pero si apenas saben hablar, como para pedirles que no atropellen el lenguaje matemático.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Salario mínimo, paro máximo.

Una vez más, lo ha vuelto a hacer.

Nuestro Presidente del Gobierno ha vuelto a dejar clara su preferencia por el efectismo en perjuicio de una acción de gobierno eficaz y beneficiosa. Se esperaba que anunciara una subida del SMI (salario mínimo interprofesional), pero ésta ha resultado ser de un porcentaje mayor al previsto.

Para empezar, el hecho de realizar el anuncio en su "discurso de despedida del año" y en un escenario de filtraciones cuidadosamente diseñado para generar el mayor efecto propagandístico posible, indica que lo importante para el Gobierno es "quedar bien" antes que "gobernar bien" y que lo segundo sólo les importa cuando sea imprescindible para lo primero. Para continuar, la "sorpresa" de que la subida por decreto del SMI supere lo esperado es un distintivo de la "marca ZP", como lo de retirar las tropas de Irak en contra del plazo y el proceso que él mismo prometió (con una orden cursada por un Ministro de Defensa que no había tomado posesión del cargo), los 2.500 euros por hijo en el Debate sobre el Estado de la Nación tras la derrota "dulce" en las elecciones autonómicas del 2007 o la compra de votos con la devolución de los 400 euros inmolando el superávit presupuestario que siempre ha detestado.

Como gestor, un desastre; como propagandista, fabuloso. Los medios de comunicación multiplicarán el efecto publicitario del anuncio gracias a ese factor sorpresa y se dejará de hablar de cosas más importantes que perjudican al Gobierno.

¿Y cuál será el efecto de la medida? Pues similar al de echar toneladas de gasolina sobre un pavoroso incendio. El incendio es el paro y la subida del SMI exluirá a muchos trabajadores poco cualificados que no pueden producir beneficio para su empleador al coste salarial que les impone el Gobierno. Hablamos de camareros, repartidores, reponedores, cajeros de supermercados, dependientes de pequeños comercios, cuidadores no profesionales de niños, enfermos, incapacitados y ancianos, empleados del hogar, trabajadores de almacén, miles de trabajadores a tiempo parcial... Los agentes económicos más vulnerables a un contexto de destrucción de empleo, los que tienen como única ventaja comparativa para ser empleados el bajo coste de su salario, ven como ahora esa única ventaja es restringida cuando no eliminada de un plumazo por un decreto demagógico y propagandístico de unos gobernantes cuyos empleos no son pasto de esas llamas a las que nos referimos y que están calcinando las ilusiones y expectativas de centenares de miles de ciudadanos.

Por desgracia, la crítica al salario mínimo se topa con la creencia ampliamente extendida de que es bueno que el Gobierno obligue a alguien a elevar sus costes de producción (uno de ellos es el salario) en favor de otros. La gente piensa que no pasa nada porque Telefónica, Inditex, Michelín o IBM paguen mayores salarios porque es justo que sus enormes beneficios sean menores en favor de los sufridos trabajadores que menos cobran. Conviene recordar a Bastiat en "Lo que se ve y lo que no se ve". La gente no ve que la mayoría del empleo en España lo crean las PYMES y que éstas tienen unos márgenes de beneficio muy ajustados y ahora decrecientes debido a los síntomas de deflación: venden menos y a precios menores aunque sus proveedores mantienen sus precios si es que no los aumentan. Los pequeños y medianos empresarios marginales ya están cerrando sus negocios. Si sus costes se elevan aún más por el capricho de un Gobierno ensoberbecido, quien tiene -por ejemplo- a seis empleados pagándoles el salario mínimo, puede que se plantee desde cerrar la empresa a quedarse con uno o dos empleados menos. En ambos casos, más paro. En otros casos, muy pocos verán su sueldo incrementado por la medida y será a costa de otros empleados que se van al paro u otras empresas que cierran. En muchos casos, el empleador recurrirá a no formalizar el contrato de trabajo para esquivar el SMI. La sociedad perderá un afiliado a la SS y el empleado, parte de su seguridad, pero muchos trabajadores preferirán eso a no tener empleo.

En definitiva, una medida perjudicial cuyos efectos serán fáciles de ocultar culpando al vendaval de desempleo de una crisis que dicen que fue gestada por Bush y Aznar (¡!), pero que les procurará réditos electorales: "Qué huevos le echan, en plena crisis y suben el SMI, ¡"eso sí que es estar a favor del obrero!" razonarán muchos.

De este razonamiento simplón que cala con facilidad entre la mayoría de la gente y que deriva de la pura envidia al beneficio y prosperidad ajenos, encuentran los políticos el abono para medidas que perjudican sobre todo a aquéllos que más las aplauden. Ésa es la tragedia. Hoy es un mal día (otro más) para los trabajadores más humildes de nuestro país.