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domingo, 6 de junio de 2010

Sobre el recorte del sueldo de los funcionarios

En la mayoría de blogs liberales se ha considerado el recorte salarial a los funcionarios como una medida justa y necesaria, aunque insuficiente y desde luego, muy tardía. En no pocas ocasiones la opinión va unida a la exposición de numerosos clichés contra los empleados públicos: vagos, enchufados, aprovechados, inmunes a los vaivenes laborales del resto de los mortales...

Es obvio que los funcionarios tienen mala prensa, pero viendo que es la salida laboral preferida de la mayoría de españoles en edad de trabajar, parece que sean tan mal vistos como envidiados. Si se les critica tanto como se anhela su estatus, ¿no se tratará más de envidia que de crítica constructiva?

En mi opinión, en muchas ocasiones se pretende dar a los políticos una patada usando el trasero de los funcionarios. Se ve en la masa funcionarial un ejemplo de la mala gestión y la corrupción política, olvidando cuestiones relevantes. Una de ellas, es que el estatus de no pocos funcionarios de carrera, ha sido logrado tras que éstos hayan invertido algunos de los mejores años de su vida en una preparación durísima y sin garantías de éxito, sin que se aminore el riesgo de que "un mal día" en un examen les arruine el trabajo de años. Otra cuestión, es que hay trabajos desempeñados por funcionarios que son esenciales en la sociedad y tienen una retribución por la que la mayoría no estaría dispuesto a desempeñarlos (atención a personas con distintos tipos y grados de minusvalías, lucha contra el crimen organizado...).

Yo no estoy en contra del recorte del sueldo a los funcionarios, si bien considero que podría haberse salvaguardado a aquéllos que tienen unas retribuciones más bajas. De lo que sí estoy convencido es de que habría posibilidad de ahorrar mucho más dinero en muchas más cosas antes de recortar esos sueldos: PER, radios y televisiones públicas, la miríada de Empresas Públicas, las fantasmagóricas Diputaciones Provinciales, el Plan E, la masiva propaganda institucional, las dietas de los políticos y altísimos funcionarios del Estado, el injusto y repulsivo sistema de Pensiones de sus Señorías diputados y senadores...

Para dar otro punto de vista, comparto aquí un email que me ha llegado que dice tener como autor a Gustavo Vidal Manzanares y que seguro que algunos ya conoceréis. No estoy de acuerdo con todo lo que dice, sólo con algunas cosas, pero considero apropiado aportar reflexiones diversas a una cuestión que quizá no es tan sencilla como la pintan muchos (liberales incluidos).
En 1956, Dolores Medio escribió “Funcionario público”, novela desgarrada donde se narran las penurias de Pablo Marín, funcionario atado a un sueldo mísero que malvivía en un cuartucho junto a su mujer. Tras las décadas siguientes de desarrollo, la figura del empleado público casi indigente, trasunto del cesante de novelón galdosiano, fue poco a poco hundiéndose en el olvido.

Pero en los últimos días, la cloaca política y mediática neoliberal ha babeado de placer ante los ecos de una posible congelación salarial a los funcionarios. Sin embargo, nada sería más injusto que pasar la factura de la crisis a este colectivo.


Así, en los momentos de hervor económico y ladrillazo, un encofrador podía duplicar el sueldo de un Técnico Superior de la Administración, y para conseguir que un albañil viniera a casa había, poco menos, que apuntarse en una lista de espera y cruzar los dedos.

Mientras los funcionarios perdían poder adquisitivo y realizaban malabarismos contables con el sueldo, miles de paletos de eructo, puti-club y caspa montaban una constructora y juntaban billetes de quinientos euros como cromos. Legiones de jóvenes abandonaban los estudios y dejaban sus libros escolares criando polvo mientras se pavoneaban en coches refulgentes… ¿los funcionarios? Unos “pringaos, hombre, unos “pringaos”… ¿para qué estudiar?, ¿para qué invertir?, ¿para qué innovar?... “España va bien”.


Y mientras tantos celebraban sus ganancias entre cubatas, risas, rayas de coca y “España va bien”, miles de hombres y mujeres habían inmolado sus mejores años junto a una taza de café cargado, un flexo y un temario de oposiciones. Con los codos clavados en una mesa, viendo la vida desfilar a través del claroscuro de un ventanal, a la espera del momento crucial y temible de los exámenes.


Pues bien, ahora resulta que, según los neoliberales, los efectos de aquellos excesos han de pagarlos los “privilegiados funcionarios”, precisamente el colectivo que apenas se benefició del auge económico y que, por supuesto, no provocó la crisis.
Según ese planteamiento no pidamos cuenta a las entidades bancarias que prestaron dinero sin las debidas garantías. No pensemos que las ganancias obscenas de la especulación acabaron en paraísos fiscales. No indaguemos en ayuntamientos y comunidades que dilapidaron millones encargando obras absurdas que enriquecieron a empresarios. No, no… todo esto que lo paguen los funcionarios. Sí, los funcionarios, aquellos “pringaos” durante los años del falso esplendor económico. Sí, el juez que sacrificó como poco cinco años en una oposición terrorífica (aparte de los cinco de carrera) para ganar menos que muchos fontaneros. Sí, los miles de opositores que hubieron de recurrir al Lexatín, el policía que se juega la vida por mil quinientos euros mensuales, el auxiliar que no gana más de novecientos… ¡resulta que estos han de pagar la crisis y son unos “privilegiados”!

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor




"Avaratar", estreno en junio en todas las nóminas de funcionarios.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

2010, el año en que España se verá en el espejo

Hace aproximadamente un año dije que el 2009 sería el año de la crisis. Desde luego, no hacía falta ser un lumbrera para afirmarlo. La palabra "crisis" y su espítiru han estado omnipresentes cada uno de los 365 días de este año. Lo que el Gobierno negaba cínicamente durante buena parte del 2008 ya no pudo ocultarse en este año que agoniza. Camino de los cinco millones de parados, con las agencias de rating y consultoras rebajando la calidad de la deuda española y avisando sobre los peligros de nuestra economía, lo que les quedaba a los "negacionistas" de la crisis eran dos caminos paralelos:

1) Echarle la culpa a otros.

2) Aparentar que toman medidas para combatir la debacle.

Para lo primero han desempolvado a Bush y Aznar, que siempre les vienen muy bien, han reiterado hasta la extenuación sus mantras marxistoides y han querido difuminar responsabilidades alegando que estamos en un ciclo recesivo mundial y que Spain is not different de otras naciones también afectadas.

Para lo segundo se inventaron el ruinoso "Plan E", catapultaron el déficit público, relevaron a un ministro de Economía fundido (e infame), contentaron a grupos de presión poseedores de grandes resonancias mediáticas para comprar sus halagos, se hicieron mil y una fotos en estériles reuniones del G-20 (con atuendos cutre-góticos como ornamento ocasional incluido en el lote) y de los 27 de la Unión Europea y nos han subido los impuestos.

Pese a lo que dicen las encuestas, estoy bastante convencido de que el PSOE volvería a ganar las elecciones de convocarse en un plazo breve de tiempo (algo que hay que descartar). La carcoma ideológica del ciudadano español es tan profunda y está en un estadio tan avanzado que la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos prefiere el estado aparentemente paternalista que le promete arreglarle sus asuntos a costa de todos los demás ciudadanos (pero a todos les promete lo mismo). Puestos a votar esa opción y aunque es la norma de actuación de todos los partidos, es lógico votar a quienes manifiestan ese colectivismo sin complejos y quienes por herencia cultural saben disfrazarlo mejor como aumento de las libertades: los socialistas.



2010 "El año en que contactamos"... ¿con la realidad?



El estado de la crisis mundial es de leve y lento remonte de la crisis. Pero no en España. A lo largo de este 2010 se acentuará esa "desconexión" entre la evolución de la economía nacional y la mundial. España será consciente de que junto con la crisis internacional se ha padecido (y estamos padeciendo) una crisis económica nacional debida exclusivamente a nuestros propios errores, no a los de nadie fuera de esta piel de toro.
La casualidad y la mala intención han propiciado el espejismo consistente en pensar que la debacle era sólo la repercusión nacional de una situación global. Esta engañifa ha propiciado que no se tomen verdaderas medidas contra nuestros problemas endémicos (el bajo nivel de nuestra enseñanza, la escasa formación del trabajador, la rigidez del sistema laboral, la corrupta telaraña de las Cajas de Ahorros gobernadas por politicastros sin conocimientos económicos ni financieros pero plenos de intereses corruptos y partidistas, la hipertrofia de las Administraciones Públicas potenciada por el sistema autonómico...).

En el 2010, cuando veamos que otras naciones salen del pozo o al menos levantan cabeza y nosotros seguimos escarbando en el fango, los culpables de la situación seguirán echando balones fuera, improvisando aparentes soluciones y culpando a otros. La sociedad deberá decidir si se plantea un cambio. No uno de esos cambios de eslogan como el del PSOE en 1982 u Obama en el 2008, sino una verdadera modificación de las creencias y una asunción realista (y por tanto, complicada) de las recetas capaces para volver a la senda extraviada de un progreso verdadero.

Pero eso no lo podrán hacer los progresistas en el poder, porque el progresismo es al progreso lo que la pulmonía es al pulmón.

Lamentablemente, la batalla de las palabras está perdida en la mente de la inmensa mayoría de los españoles, lo que hace más ardua la batalla de las ideas. Es una batalla suficientemente importante como para no perderle la cara. Internet la hace posible con un grado de libertad que sin duda usamos por debajo de sus posibilidades, pero al menos tenemos más opciones que antes de que esto de los blogs fuera posible.


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A los poquitos pero tenaces que de vez en cuando leéis este blog, os quiero agradecer vuestra compañía y vuestros comentarios. Espero que en el nuevo año pueda seguir aprendiendo (entre otros, de vosotros) para que vuestras visitas a este pequeño rincón sean, si no didácticas porque poco puede aprenderse de mí, al menos entretenidas. Gracias y que tengáis un gran año 2010.


C. Díez.

martes, 15 de diciembre de 2009

La España autonómica y la Hidra de Lerna.

Al principio parecía una buena idea. Debíamos coserle a España una camisa que no fuera de fuerza; sus costuras no debían impedirle crecer, ni siquiera "expresarse". Se suponía que veníamos de 40 años de esa situación y se dio por buena cualquier cosa que fuera exactamente lo contrario. Habilitamos una tela aparentemente elástica, muy capaz de darse de sí, pero curiosamente, luego no volvía a su sitio original. Consideramos que no era un problema.

Es cierto que había algunos aspectos del diseño que tenían poco que ver con los ropajes tradicionales. Santander dejaba de ser la "cabeza de Castilla", León parecía tener más ligazón sentimental con Asturias que con su paramero sur, Albacete se desligaba de Murcia y luego estaba esa extrañeza de la "Comunidad de Madrid". Pero era obvio que eran cuestiones menores porque la prenda parecía "muy a la moda". Cierto, algunos estaban singularmente interesados en adquirirla, unos como mal menor, ya que aspiraban a sus ropas propias, otros la veían más bien como la red de un trapecista. Pero pasado el tiempo, fue adquiriendo la fijeza de una prenda útil, práctica e incluso cómoda, al menos a ojos de la mayoría.

Incluso las extrañezas administrativas (que tenía pese a estar inspirada en el diseño de la división provincial de Javier de Burgos en 1833) adquirieron carta de naturaleza con el tiempo. Siendo irresistible el continuo proceso de socavación de la idea de España, muchos volvieron su patriotismo hacia lo que tenían más cerca. Los colectivistas necesitados de una patria a la que ensalzar, ante la continuada crítica izquierdista de la nación común como si cualquier reivindicación de la misma supusiera afección por la dictadura, volvieron sus querencias hacia sus "patrias chicas" y surgieron como setas sarampiones de localismos, regionalismos y nacionalismos de comarcas, valles, mesetas, páramos y muladares, playas y serranías, costas y secarrales. Todos sentían la necesidad de imitar a los nacionalismos genuinos, esas pesadillas decimonónicas que progresan sólo para mejorar su carácter deletéreo.

Los ropajes engordaban y les salían nuevas mangas, cuellos, infinitos botones, chorreras, levitas y hasta capas, antifaces... y algún pasamontañas que ya estaba de antes. Si no eres Estado, siempre puedes hacer como que lo eres e imitar el aparato estatal. Total, si paga el ciudadano y le tienes convencido de que "es por la dignidad de la nación", acaba sufragando cuantos delirios de grandeza tenga el politicastro de turno.

Con un sistema que premia al político hábil y trapacero, agitador de prejuicios y sentimentalismos ante el gestor efectivo, frío e incluso gris, ¿qué podíamos esperar? Con el elemento venenoso del partidismo tomando una fuerza cada vez más imparable, ¿cómo no se iba a desbocar el diseño original?

Sobre el papel, casi todo funciona. La práctica resulta rara vez exitosa. Nos dotamos de un sistema autonómico para "encajar" a los nacionalismos y mejorar la gestión de los asuntos públicos. Entre la mejora se buscaba una gestión más eficaz del dinero público (lo que normalmente supondría menor gasto al ser más precisas las Administraciones a la hora de gastar). Quien considera que los nacionalismos han sido encajados (es decir, saciados) más que un optimista, es un ingenuo o un mentiroso.

Treinta años después, nuestro sistema autonómico es la Hidra de Lerna y no aparece ningún Heracles que pueda podarlo. Y no sería deseable héroe alguno (devendría inevitablemente en un caudillaje con ínfulas de salvapatrias). Lo necesario sería una toma de conciencia ciudadana sobre la carísima superposición de distintos niveles administrativos del Estado, compitiendo por los recursos (es decir, por el dinero del ciudadano), disipando sus responsabilidades en el magma partidista del reproche mutuo y escondiendo sus fracasos en lo realizado (o no realizado) por otras administraciones gobernadas por los partidos políticos rivales.

Nuestro sistema autonómico es una de las más graves y difícilmente solucionables causas de la actual crisis múltiple que padecemos. Puede que el diseño original tuviera más aciertos que errores. Pero si así es, habrá que volver a ese diseño inicial y sólo podría hacerse con tijeretazos que ningún partido político está dispuesto a dar (Educación con cierto grado de homogeneidad a nivel estatal, persecución del galopante déficit de las Comunidades Autónomas, una financiación que no prime los intereses partidistas del que pueda imponerla al resto, liquidación de aparatos y cuerpos funcionariales, combate ideológico del nacionalismo de cualquier territorio...). Para ello necesitamos políticos distintos a los que tenemos. Para ello necesitamos personas que no sean ignorantes patológicos y que piensen más en el país que en su partido. Si conocéis a alguno, hacédmelo saber, os estaré muy agradecido.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Zapatero esgrime un interés general de quita y pon.

Ahora resulta que el motivo por el que España muestra una servil impotencia ante los insultantes desplantes de la teocracia marroquí es el interés general.

De todos sabemos que una de las características inherentes a todo político -especialmente los socialistas- consiste en confundir e intercambiar sus intereses particulares y partidistas con los de la nación que gobierna o aspira a gobernar. No sorprende esta conducta en nuestra fauna política y menos en alguien como nuestro actual Presidente.

Pero este interés general de quita y pon, no por ser previsible debe de ser menos señalado, si no, correríamos el riesgo de que la infamia permanente supusiera la impunidad continuada.

Curioso que el interés general de España (llevarse bien con los países vecinos... ¿cómo con Argelia?) suponga, por lo que parece, la muerte de Aminatu Haidar. Estoy rotundamente en contra de las huelgas de hambre, pero quiero señalar que si para Zapatero, "el interés general" supone el deceso de una persona, ¿por qué se ha pagado a los piratas somalíes a sabiendas de que eso potenciará futuros secuestros con piratas más decididos y mejor armados?



Todo intelecto acaba encontrando su expresión estética más precisa.




Sí, es un caso extremo, como extremo es el de Haidar.

¿Acaso no es también de interés general el cumplimiento de los Derechos Humanos incluso aunque alguno de nuestros vecinos se moleste por ello?
¿Acaso no es de interés genera l-por poner un ejemplo- que se sepa toda la verdad sobre el chivatazo a e.t.a.?
¿Acaso no es de interés general que los derechos fundamentales de los internautas no sean sojuzgados al interés muy particular de algunos miembros (los más vagos y menos talentosos) de determinada industria devenida en grupo de presión?
¿Acaso no es de interés general que prevalezca la Constitución sobre un Estatuto de Autonomía porque de lo contrario la primera será derogada de facto?
¿Acaso la postura de Zapatero sobre Palestina e Israel no es contradictoria (según su propio credo ideológico) con la que mantiene sobre el Sáhara y Marruecos?

Ni siquiera es capaz de ser coherente con su propia amalgama de prejuicios.