jueves, 11 de marzo de 2010

Hoy hace seis años

Hace seis años que ciento noventa y cuatro(*) personas de entre nosotros fueron asesinadas.

A cualquiera nos podría haber tocado, les tocó a ellos.
Hoy no es el momento para hablar de política, de economía, de ideología... Hoy es el momento del duelo. Para muchas familias, ese duelo es eterno, no se limita a una efeméride. Su pérdida irremediable adquiere su total dimensión de horror y ausencia cada noche cuando apagan la luz y los últimos pensamientos del día ocupan su mente instantes antes de dormir. En esos momentos no hay homenajes públicos, no hay actos conmemorativos, no hay solidaridad retransmitida por los medios de comunicación, no hay pésames de personalidades públicas y representantes institucionales, no hay el cariño de organizaciones de apoyo.
En ese momento que se repite varias veces cada día, todos los días de una vida, los familiares de las víctimas, los supervivientes del atentado, sus amistades, están solos. Horriblemente solos con su recuerdo y la infrangible losa de la ausencia y el miedo.

Vaya para ellos todo mi apoyo, mi sincero reconocimiento y mi cariño.


(*) = Dos de las mujeres asesinadas el 11 de marzo del 2004 estaban embarazadas, de ahí el número de víctimas que menciono.






domingo, 7 de marzo de 2010

"La cinta blanca", cine de muchos quilates

Una de las ventajas de vivir en una ciudad como Madrid (por contraposición a mi recóndita patria chica, León) es tener la posibilidad de ver en la pantalla grande algunas producciones que rara vez o mejor dicho, nunca, se estrenan en los cines de capitales de provincia.
La ventaja es mayor si, como es mi caso, uno tiene la fortuna de vivir al lado de algunos cines que proyectan en versión original, por ejemplo, los cines Verdi de Madrid, uno de los bastiones del cine de calidad y en V.O. de la capital.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de ver el filme de Michael Haneke, "La cinta blanca" y por falta de tiempo no he podido comentarla antes. Si la traigo aquí, los lectores ya podéis sospechar que es porque me ha gustado. Eso se queda corto. En realidad me parece una cinta extraordinaria. No me fío en absoluto de los premios del mundo del cine, como tampoco de los literarios, pero eso no quita para que en algunos casos, en ambos ámbitos haya premios muy bien dados. "La cinta blanca" ya tiene a sus espaldas una buena panoplia de reconocimientos en distintos festivales y de manera inminente competirá por el "Óscar" a la mejor película en habla no inglesa.


Haneke ha escogido un pueblo alemán en los meses previos al estallido de la Gran Guerra para envolvernos en una magistral recreación de la vida rural de Centroeuropa. El puzzle de relaciones interpersonales y sociales que se va desgranando proporciona un fresco detallado y preciso de un tipo de vida desterrado del continente hace décadas. El realizador austríaco demuestra haberse empapado de conocimientos sobre la vida cotidiana de la época, no porque nos sitúen en medio de un documental, al contrario, pone ese retrato al servicio de una narración plena de recursos visuales.




La película no es un thriller, pero tiene elementos del género, no es detectivesca, pero reúne algunos detalles de ese campo, ya hemos dicho que no es un documental, pero nos enseña un tipo de vida de un lugar y una época con un rigor y habilidad dignos de un ensayo visual muy documentado. En la inicialmente apacible aldea, somos testigos del equilibrio de poder, el noble como autoridad paternalista que a su vez es empleador del campesinado y motor económico de la zona, y el sacerdote protestante (en una interpretación enormedel actor Burghart Klaußner) como referencia moral y vigía de la comunidad.

Vemos la dura situación de los labradores que quizá años después prestaran oídos a la palabrería marxista de la lucha de clases y se entiende esa opción como única salida desesperada a una situación vital que hoy cuesta imaginar. Contemplamos el profundo peso de la culpa, individual y colectiva, que gravita sobre los personajes, pero también la facilidad con la que se pasa página ante los primeros acontecimientos extraños que indican la presencia de algo terrible en el pueblo. La comunidad se une ante la segunda oleada de actos violentos, pensando tanto en su seguridad individual como en la necesidad de demostrar al "patrón" que no son ellos la amenaza.

La película se ensambla a través de una narración visualmente mayúscula, descarnada en su sencillez y bella por esa misma simplicidad. El uso que Haneke hace del plano fijo me parece inmejorable y la morosidad de muchas escenas y secuencias, perfecta para transmitir esa sensación de inquietante quietud (válgame el oxímoron) del discurrir de unas vidas enclaustradas y limitadas mucho más por las asfixiantes normas de diversa índole que por las limitaciones físicas. Los primeros planos son siempre acertados, escasos y rotundos, algunos brutales. El director expone la violencia con mucha menos cantidad y muchísima más calidad y eficacia de la que nos acostumbra el cine convencional actual.

A la salida del cine, escuché numerosas quejas de los espectadores por el hecho de que la narración no fura concluyente. No podía serlo. La vida real no suele serlo, nunca hay un "hecho final" salvo la muerte individual, pero además, no era una conclusión lo que buscaba el autor, quien por cierto, ya avisa al principio de la película a través del narrador de la cierta inconclusión del relato. Es precisamente esa voz narradora la única que me plantea dudas en la película, puesto que somos testigos de hechos que el narrador no ha podido conocer (sólo queda la opción de un conocimiento posterior al final de la película, lo que no es disparatado pues el narrador nos habla pasados años de los hechos narrados).

Hay, no obstante esa supuesta inconclusión criticada por algunos espectadores, pistas considerables, como cuando una de las víctimas es encontrada junto a un papel con la leyenda "Porque yo soy un Dios celoso, que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación" extracto el libro del Éxodo,20:5, que delata la cultura bíblica del perpetrador... ¿o no?


El propio Haneke ha mencionado su interés por la generación de alemanes que fueron niños con la Gran Guerra y luego adultos con el auge del nazismo.





El inflexible ejercicio de la autoridad moral por parte de los guardianes (celosos, como en el versículo citado) de la comunidad adquiere un profundo significado en una sociedad tan tradicionalmente fiel a las jerarquías como la alemana. Durante la II GM, la pugna continua del partido nazi y las SS primero por disolver las Reichswehr (fuerzas armadas alemanas) y luego por controlar a su sucesora la Wehrmacht se encuadra en ese paroxismo nazi del culto al líder. Muchos se han preguntado cómo es posible que el nazismo fuera factible en el pueblo más culto de Europa. Algunos historiadores han señalado la proverbial obediencia del pueblo alemán a la figura del líder. Hay quienes indican que eso vendría desde antes del Imperio Romano, donde la fidelidad era personal y no tribal. Quizá sea una exageración. No obstante, cuando algunos altos mandos alemanes fueron consciente de que Hitler les llevaba al abismo y se empezó a susurrar la posibilidad de engendrar un complot para matarlo, retumbó aquella frase de Erich von Manstein: "Los mariscales de campo prusianos no se amotinan”.

Es esa visión prusiana e irreductible de la fidelidad personal, del respeto a la jerarquía, de la asfixiante disciplina moral (la más férrea de las disciplinas, pues persigue al individuo en su propia conciencia) la que es magistralmente dibujada pr Haneke al mostrar los efectos de la culpabilidad en algunos personajes y la sumisión con la que la mayoría aceptan el devenir de los acontecimientos. Tal camisa de fuerza para las conciencias, o bien revienta por algún lado o bien es abono para el fanatismo, para que los individuos compitan en demostrar quiénes son los que más se avienen a esa disciplina. La cinta blanca que señala la pureza puede ser la más impenetrable venda que ciegue los ojos. No hay fanático que no se vea a sí mismo como un seguidor de la idea salvadora en estado puro.

Es en este sentido por donde yo he creído ver la reflexión sobre la historia alemana (y por extensión, de muchos otros países). No supone buscar en la religiosidad (protestante o de cualquier otro culto) el germen del desastre, sino en ver cómo las señas de identidad de una sociedad pueden desfigurarse bajo determinados parámetros, haciendo de aquello que se supone que nos protege, un semillero de pesadillas.

En definitiva, una película con sabor a clásico, visualmente impecable e intelectualmente inquietante; cine de muchos quilates.

jueves, 4 de marzo de 2010

Willy Toledo: un tonto común

Me temo que hoy en día subestimamos la enorme influencia que en las corrientes de opinión tiene un elemento tan omnipresente como es la estupidez. Es impopular y políticamente incorrecto achacar ciertas opiniones y conductas a la estulticia y por negarnos a hacerlo perdemos un importante instrumento de análisis de la realidad. Sin embargo, cuando todo un jefe de Gobierno dice que la Tierra sólo le pertenece al viento, es obvio que por muchas explicaciones que busquemos, finalmente la causa de semejante declaración sólo puede deberse a cierta minusvalía intelectiva.

La estupidez es una cualidad que todos tenemos, y yo el primero. Informa muchos de nuestros actos y contamina muchos otros, sin duda. Pero hay quien hace de ella su bandera, su auténtico leitmotiv. En estos días hemos tenido un claro ejemplo al conocer las estupefacientes declaraciones de un miembro del "sindicato vertical de esperpentos" autoproclamados artistas e intelectuales. Para Willy Toledo, la muerte en presidio de Orlando Zapata, tras 85 días de huelga de hambre y años de trato inhumano, es la muerte de un "delincuente común que ha sido convencido por alguien para llevar a cabo la huelga hasta dejarse la vida".

Vamos, que además de un delincuente de poca monta, al tipo le han comido el coco para que sea un mártir. Adereza las declaraciones diciendo que "Cuba, con sus miserias y sus grandezas (sic) es un ejemplo a seguir en muchos aspectos".






Vayamos por partes:

¿En qué momento decidimos que la opinión de unos aneuronados fuera relevante? Sinceramente, ¿qué importancia le daríamos a la opinión política de un jardinero, un bibliotecario o un programador de software? Obviamente, primero atenderíamos al hilado de su argumentación, pero ¿a que no les daríamos más relevancia a sus opiniones por desempeñar esas profesiones? ¿Dónde está escrito que cantantes, escritores, directores de cine y t.v., actores y demás del gremio merezcan mayor atención en sus opiniones políticas que cualquier profesión que nos venga a las mientes?


Más teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de ellos, cada vez que hablan, demuestran un infantilismo patológico y una simpleza insultante en las opiniones que vierten. Para colmo, a personajes como el que da título a esta entrada y la mayoría de los de su cuerda, denominarles mediocres en la realización de su trabajo, es un auténtico halago. En España, el título de "artista" es muy barato, parece que pueda obtenerlo cualquiera independientemente de que logre hacer arte de verdad, sólo por meter la cabeza en el supuesto gremio a ello dedicado. Pero más demencial aún es la supuesta identificación entre "artista" e "intelectual", entendiendo por el último no sólo aquél que vive de su trabajo más intelectual que físico (en un buen actor el primero debe de guiar al segundo pero ambos son esenciales) sino aquella persona que acredita una cierta sapiencia y solvencia a la hora de emitir una opinión sobre un tema en el que se le supone cierta autoridad.

No se sabe cómo, en España hemos dejado que los rebuznos de cualquiera de estos fantoches tengan mucha más influencia y repercusión que las argumentaciones de personas expertas en los temas oportunos. Estos pseudointelectuales pontifican sobre geopolítica hablando sobre qué estrategias deben seguirse en países que no saben localizar en un mapa, se apropian de conceptos que no entienden y presumen de una superioridad moral que no se dan cuenta que es directamente proporcional a su sentido del ridículo.



Si un experto en diplomacia, un catedrático de economía, un asesor de algún organismo de inteligencia, un militar de alta graduación con experiencia sobre el terreno, opinan sobre algún conflicto internacional en algún periódico, su columna será menos leída y menos difundida que el último exabrupto balbucido por el fantoche de turno en algún sarao supuestamente solidario de los que montan. Y eso no es tanto culpa de ellos como de la sociedad en general.

Lo peor es que esta gentucilla ha tomado nota de la situación, saben que su actividad profesional les grangea menos repercusión que el disfraz de líder de opinión y se esfuerzan concienzudamente por salir en todas las fotos de aquelarres politiqueros dando lecciones de solidaridad y superioridad ética a los demás. Sabedores de que el tinglado "cultural" español está dominado por cuatro empresas pertenecientes al universo progre, hacen méritos para ver quién es el más radical, el que peor puede caer y ofender más a ese sector de españoles que no comulgamos con la progresía reinante. Salvo dos, a lo sumo tres casos, el talento artístico de esta patulea es nulo. Y además, han marginado y vituperado a quienes no comulgan con su religión (Juanjo Puigcorbé, José Luis Garci, Albert Boadella...).

Efectivamente, Willy Toledo estará muy ufano de haber indignado a parte de los medios y la blogosfera patria con su defensa del castrismo, porque eso le da una repercusión que ninguno de sus personajes (casi siempre el mismo graciosillo superficial y pasota, al chico no se le pueden pedir más registros) alcanzará jamás. Eso generará además el movimiento de defensa progre en su favor y la posibilidad de contrarréplica hablando de la caverna conservadora y "anticubana" (el castrismo no es anticubano según ellos). El pobre Willy habla ahora de estar sufriendo "un linchamiento mediático peligroso incluso para su integridad física". Orlando Zapata sí que era repetidamente linchado y lo de "integridad física" en Cuba es algo que sólo tienen los que apoyan al régimen, ¿te enteras, Willy?

Sinceramente, cosas como esta le anclan a uno en su idea de no gastarse un duro en el deficitario y extorsionador cine español (ese que si vas a verlo al cine lo pagas dos veces) salvo contadísimas excepciones. Da miedo pensar que con su renta (mucho mejor que la de los curritos a quienes él da lecciones de ideología y ética) el castrista Willy (apodo imperialista, ¿qué tendrá de malo "Guillermo", es que es muy español?) pueda financiar alguna organización de las que promocionan la dictadura cubana y acorralan a los disidentes de la tiranía.

Mira, Willy, Guillermo, o "camarada Toledo": el tipo al que has denigrado al poco de que lo dejaran morir tras haberlo estado matando durante años, es alguien a quien no le llegas a la altura de los talones en lo que a dignidiad y valentía se refiere. Porque tú (y yo) hemos tenido la enorme suerte de vivir en un país donde podemos poner a parir a nuestro Gobierno y a nuestro Jefe de Estado (sobre todo tú si quienes gobiernan no son los tuyos). Vé a Cuba y a ver si puedes insultar a Castro como insultabas a Aznar o a ver si puedes decir que "en Cuba también se tortura" como lo has dicho de España sin que te pase nada y encima recibiendo aplausos de otros aneuronados como tú.

Y además, "camarada Toledo", pongamos que la sarta de bobadas extraídas del Granma que has dicho sobre Orlando Zapata fuera verdad: ¿acaso el ser un delincuente común justifica que te peguen palizas en la cárcel? ¿Justifica que te provoquen un fallo renal por tenerte 8 días sin agua? ¿Justifica que sólo te trasladen a un hospital medio decente (lo que puede ser de decente en Cuba) cuando tras 84 días de huelga de hambre ya es irremediable tu muerte? ¿Justifica el periplo inhumano por las peores cárceles de la isla sin aviso previo ni para Zapata ni sus familiares? ¿Justifica que el Gobierno cubano premiara con ventajas carcelarias a los presos matones que apalizaban a Zapata haciendo el trabajo sucio de los guardias?

Sí, luego, tarde y mal, te has visto obligado a decir que el Estado cubano debería haber evitado la muerte y comparas el caso con terroristas del IRA y del GRAPO (¿pero no decías que era un delincuente común?) que también murieron por huelgas de hambre, pero ¿les torturó alguien? ¿recibieron palizas en prisión? ¿Crees comparable el presidio en Reino Unido y España al que se da en Cuba?

Mira, Willy, no sólo eres tan mal profesional como esos que te rodean, sino que como persona eres de esas que en todo caso son un ejemplo a no seguir. Es lamentable que te enfundes en la causa saharahui para ir de solidario. ¿Qué tienen de mejor las cárceles cubanas sobre las marroquíes? ¿Es que la tiranía monárquica es mala y la socialista buena? ¿En qué es mejor Castro que Mohammed VI? ¿Por qué la huelga de hambre de Aminetu es heroica y la de Zapata es un complot? ¿Es que todas las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos que denuncian a Marruecos yerran al denunciar a Cuba? Porque si están dominadas por el capitalismo para hablar de Cuba, lo mismo les pasará al hablar del reino alauí, ¿no?

Ni siquiera logras ser coherente en tus odios y tus "solidaridades". Sólo eres un tonto más. Un tonto común, en el peor de los sentidos, por vulgar y por demasiado frecuente. Los tontos como tú, que van de listos y que ni siquiera son coherentes con lo que dicen defender, son muy necesarios para dictaduras como el castrismo. Eres el mismo excremento ideológico que aquellos que defendían el franquismo, sólo que tú no le llegas ni a la rodilla en cuanto al talento artístico de gente como los falangistas Sánchez Mazas y Leopoldo Panero y ya no digamos al censor oficial Camilo José Cela.

Pero te voy a decir algo: Cuba será libre algún día. Puede ser en un año o en 20, pero entonces, los cubanos se acordarán de gente como tú. Será muy difícil que puedas hacer como tantos falangistas españoles que ahora son más socialistas que nadie (algunos de ellos son los que te contratan y te dejan emitir rebudios en el Círculo de Bellas Artes). Hoy en día queda mucha más constancia del presente, los archivos son mucho más exhaustivos, y cuando Cuba sea libre y tú quieras disfrazarte de uno de los libertadores, de uno de los que siempre apoyó al pueblo cubano, algo que sería muy típico de tu mezquindad, allí estarán los archivos para recordar que a Orlando Zapata le llamaste al poco de su muerte-asesinato, "delincuente común".

No, no nos olvidaremos de lo que eres: un tonto más, un tonto común.



domingo, 28 de febrero de 2010

La crisis, el maniqueísmo y la especulación (III)

Para combatir la crisis financiera del 2008 y el 2009 y con la finalidad de evitar lo que se ha dado en denominar con el simpático nombre de "corridas bancarias" (sucesivas quiebras bancarias enlazadas como la caída de fichas de dominó, al modo ocurrido durante el "crack del 29") los Gobiernos perpetraron costosísimos planes de rescate financiero o "bail-outs" a cargo de fondos públicos.


Asimismo, al calor del aquelarre keynesiano y con la intención de estimular la demanda agregada, los gobernantes más torpes han disparado un ya de por sí desbocado déficit público alegando combatir el paro con medidas tan cosméticas y contraproducentes como el tristemente célebre Plan E español. De resultas de estas y otras medidas, el mercado de deuda pública se ha visto saturado por abrumadoras emisiones de bonos de deuda soberana. Los países que se reúnen en numerosos foros multilaterales buscando una solución conjunta a la crisis luego se ven obligados a competir en busca de una financiación imprescindible para seguir ejecutando planes que en la mayoría de los casos, si no agravan la recesión, sí dificultan la salida de ella.

Es aquí cuando el mercado, pese a las numerosas mordazas y grilletes impuestas desde el poder político, lleva a cabo una evaluación del producto "deuda pública" creando una serie de mecanismos e índices más o menos complejos. Uno de los índices más reveladores es el EMBI (EMERGING MARKETS BONDS INDEX) o "riesgo-país", que indica el riesgo de que un país entre en impago (default).

El funcionamiento es más sencillo de lo que puede parecer a primera vista: los Estados emiten deuda en forma de bonos, obligaciones de pago del nominal al final del periodo de vigencia del bono. Además, el comprador del bono recibe anualmente un rendimiento por parte del Estado. En España, estos bonos se llaman LETRAS DEL TESORO.

El EMBI (índice creado por JP Morgan en los noventa) hace un seguimiento de la evolución de los rendimientos de nuestras LETRAS DEL TESORO por las que los compradores reciben una tasa de interés anual. Si los compradores están muy interesados en nuestras Letras del Tesoro, significará que confían en que España podrá hacer frente a sus pagos a medio y largo plazo. De ser así, nuestras Letras del Tesoro no necesitarán ofrecer a los compradores un gran interés anual, porque la "marca España" será por sí suficientemente atractiva para vender el producto “deuda española”.


Pero si la confianza en que España afronte sus pagos se resquebraja, el Tesoro deberá ofrecer mayor interés anual a los compradores, para que prefieran comprar bonos españoles a los de otros países que se consideran más fiables. Así pues, a mayor sobretasa del interés anual, menor confianza de los mercados en el emisor del bono.


Esto carece de complejidad si tenemos en cuenta que toda inversión tiene dos elementos esenciales: retorno y riesgo. Si al comprar el producto A asumimos un mayor riesgo que adquiriendo el producto sustitutivo B, es porque esperamos mayor tasa de retorno al comprar A en vez de B.


Ahora bien, puede que el comprador de bonos del país X además quiera asegurarse el retorno del nominal incluso aunque el emisor del bono haya quebrado. Para ello, tiene la opción de contratar un seguro sobre el posible impago, pagando una prima anual que le permitirá, en caso de quiebra del emisor de la deuda, recuperar el nominal invertido en el bono. Estos seguros de impago reciben el nombre de CREDIT DEFAULT SWAPS (CDS) y como es lógico, son más caros cuanto mayor sea el riesgo de impago del producto que aseguran. A más posibilidades de quiebra del emisor de deuda, más cara es la prima por asegurar el nominal de esa deuda.

El funcionamiento de los CDS ha sido muy bien explicado por Eetión en esta didáctica entrada que recomiendo encarecidamente.


Así pues, la evolución de la prima (spread) cobrada por un CDS sobre el bono de un país nos da una idea de la opinión del mercado sobre los riesgos inherentes a dicho país. Es una señal aproximada por lo restringido del mercado de los CDS (pocos emisores y un mercado muy complejo y profesionalizado al que no suelen acceder más que inversores profesionales), pero como indicador de tendencias generalistas, cumple una importante labor informativa en el mercado de Deuda Pública.


Hay que tener en cuenta que el EMBI es un índice comparativo, así que necesita tener una referencia, esto es, un valor que se considere de riesgo cero y con el que comparar el resto de bonos. En nuestro entorno, ese valor es el bund alemán (unidad de deuda pública alemana) porque los inversores consideran que Alemania es el país con menos riesgo de impago (default). Este gráfico nos muestra la evolución temporal del spread de los CDS de diversos países.




Como podemos ver, Alemania tiene una valoración de riesgo por debajo de EE. UU. y Francia. En el gráfico se ve el auge correspondiente al estallido de la crisis financiera tras la quiebra de Lehman en otoño del 2008, el semestre de alto riesgo y la paulatina pero pronunciada bajada a partir de la primavera del 2009, así como el repunte desigual del último trimestre del año pasado e inicios del 2010.


Ahora bien, como en todo mercado que se precie, hay gente que no está para hacer amigos sino para ganar dinero (¡qué horror!). Los CDS son comerciables (de nuevo remito a la entrada de Eetión) lo que significa que algunos de sus compradores los usarán con fines especulativos.



Eso de ganar dinero usando mecanismos del mercado nunca ha sentado muy bien al socialismo (que prefiere ganar dinero usando mecanismos del Estado). Su cancerosa visión de la historia como eterna lucha de clases renuncia a la comprensión de aquello que pretende organizar y etiqueta a quien triunfa vendiendo a mayor precio del que compró como “especulador”.


La inmensa mayoría de los movimientos especulativos criticables no son por un exceso del mercado, sino precisamente por haber “menos mercado del deseable”, esto es, la acumulación de poder e información en pocas manos (generalmente manos gubernamentales o de lobbies bien relacionados con los Gobiernos). En mercados más flexibles (que no más anárquicos, aunque para el socialismo desregulación siempre es sinónimo de ley de la selva y desorden) la acumulación de poder e información por parte de sectores privilegiados sería mucho más difícil y las posibilidades de un colectivo de hacer vascular el mercado según sus intereses serían muchísimo menores.


Pero la crítica simplista del Gobierno de España contra los especuladores, además de la lógica intención de escurrir el bulto y echarle la culpa a otros (y a la supuesta maldad intrínseca del capitalismo), demuestra de nuevo la profunda ignorancia de la acción humana económica.


¿Quiénes son los especuladores? Sencillamente, personas físicas o jurídicas que tratan de maximizar su beneficio. La visión socialista de la economía como juego de suma cero conlleva la condena de las ganancias, pues siempre ve como necesaria la pérdida ruinosa de uno para que otro gane. El especulador actúa dentro del mercado comprando y vendiendo, pero su labor lejos de resultar semejante a la de un ave de rapiña es más similar a la de un bibliotecario que rastrea información y al actuar intentando maximizar su beneficio, también emite una valiosa información al mercado.



Sin embargo, la visión negativa de la especulación ha llegado hasta el diccionario, como vemos en la cuarta acepción del verbo especular recogido en el DRAE:

especular2.

(Del lat. speculāri).



4. intr. Efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios. U. m. en sent. peyor.


Vemos que se señala el uso frecuente en sentido peyorativo. El diccionario de la RAE es una foto fija del uso de los vocablos, por tanto fue primero la calle quien decidió otorgar la connotación negativa al verbo especular y a quien ejerce esa actividad. La mentalidad socialista nos rodea.


Si bien el hecho de efectuar operaciones con la esperanza de obtener beneficios debidos a las variaciones de precios y cambios, está muy lejos de ser una actividad ilegal o siquiera reprochable. Prácticamente todos hemos sido especuladores en algún momento. ¿Cuándo es realmente reprochable la especulación? Desde mi humilde punto de vista, cuando el especulador tiene la capacidad de modificar las circunstancias principales del mercado a su antojo sin que se deriven por ello responsabilidades que puedan afectarle, como por ejemplo han hecho los Estados mediante las devaluaciones, los “corralitos financieros”, la emisión alocada de deuda pública, la emisión masiva de moneda o la manipulación por los Bancos Centrales de los tipos de interés.



Un ejemplo claro de especulación indiscriminada lo tenemos en la fraudulenta financiación de los ayuntamientos españoles con su política de recalificaciones del suelo (uno de los mercados más intervenidos y curiosamente, más ineficientes y encarecidos). Pese al chorro de millones de euros que eso supone, casi todos los ayuntamientos arrastran una deuda colosal. ¿A esos especuladores se refieren los políticos de todos los partidos cuando alegan que el mercado debe de ser regulado asfixiantemente por los mismos poderes públicos que han hecho que más del 50% del precio inflado de la vivienda corresponda al suelo?


Contraponen el libre mercado a “lo social” (concepto nebuloso donde introducen lo que les interesa y que suele significar el subsidio eviterno de unos por otros que son obligados coercitivamente). Y lo peor es que incluso muchos que se dicen liberales asumen esa dialéctica de confrontación entre “lo social” y el mercado. No caigamos en la trampa: el gran invento social de la Humanidad, es el mercado.



“El mercado es una institución social; es la institución social por excelencia. Los fenómenos de mercado son fenómenos sociales. Son el resultado de la contribución activa de cada individuo, si bien son diferentes de cada una de tales contribuciones”.



Ludwig von Mises – “La acción humana”, 8ª edición, Unión Editorial, página 381.

martes, 23 de febrero de 2010

La crisis, el maniqueísmo y la especulación (II)

Como ya vimos, el Gobierno español supone el principal problema para la colocación de la deuda pública de nuestro país porque ni siquiera sabe hacer lo más fácil: ser coherente con sus propias declaraciones (¿cómo pedirles coherencia entre lo que dicen y lo que hacen?). Eso genera graves problemas de financiación del descomunal déficit público con el que supuestamente van a sacarnos de la crisis (según su religión keynesiana y ese milagro del efecto multiplicador).

Ante las dificultades, el electoralismo y cortoplacismo del PSOE busca una salida, no para España, sino para escurrir el bulto. Incapaces "genéticamente" de asumir responsabilidades cuando vienen mal dadas, la receta socialista es la de siempre: echarles la culpa a "los otros".

Antes de nada, cabe decir que la división del mundo en buenos y malos no es exclusiva del socialismo si bien esta doctrina la ha elevado a axioma gracias a las bases pretendidamente cientítificas del marxismo. Dividir la realidad en blanco y negro es una tendencia innata del ser humano, rastreable desde el surgimiento de las primeras culturas humanas. Se intenta simplificar una realidad compleja para hacerla más comprensible. Así se llega a la visión de que en grupos humanos con intereses distintos, estos son necesariamente incompatibles. La "mano invisible" que nos enseñó Adam Smith demostraba que esto no era así necesariamente.

Si la visión maniquea de la realidad (típica de la mayoría de las religiones) pudo ser beneficiosa en estadios culturales primigenios, es muy destructiva en la sociedad actual, compleja y con un milenario acervo cultural donde concurren multitud de factores muchos de ellos con siglos y siglos a sus espaldas. Esta complejidad es un poderoso argumento en contra de las revoluciones y a favor de la lenta evolución por decantación de las instituciones, leyes, usos y costumbres (conservadurismo) y un sólido impedimento contra la pretensión socialista de centralizar las decisiones sociales y económicas en un órgano omnipotente.

Por eso el socialismo se agarra a la visión maniquea de la sociedad: porque simplifica una realidad que no comprenden pero aspiran a controlar exhaustivamente y porque tras reducir el mundo a "buenos y malos" todos decimos que estamos en el grupo de "los buenos".



En esta trampa mental infantil hemos caído todos, también los liberales que con frecuencia denostamos por sistema a los socialistas. No basta con el denuesto igual de intenso y en sentido contrario al que ellos nos dedican, hay que ir a su territorio, ganarles en su propia dialéctica (pese a los peligros que entraña jugar con las reglas preestablecidas por ellos) y demostrar lo falaces de sus argumentos, lo irreales de sus premisas.



Ese maniqueísmo también les da la posibilidad de etiquetar a aquellos que no se comportan como ellos desean con el remoquete de "conspiradores". Los conspiradores son los partidos que se les oponen (aunque sea en la lucha por el poder, porque el PP realmente no se opone ideológicamente al socialismo sino que participa de él), los medios no afines y -ahora- los inversores en deuda pública.

A estos les han colgado la etiqueta de "especuladores". Por alguna razón que los no socialistas desconocemos, hay gente interesada en que a España le vaya mal aunque no tienen nada que ver con nuestro país. Son antiespañoles (pero sólo cuando gobierna el PSOE y no invierten como el PSOE quiere) pero parece que también son anti-griegos, anti-portugueses, anti-irlandeses, anti-italianos y anti-europeos. Lo último parece señalar, según la lógica progre (perdón por el oxímoron) que son parte de la derecha americana (ya saben, la de Bush y Aznar) y puede que haya algún poderoso lobby judío detrás. Esta gente quiere que España quiebre, que nos echen del euro, y por eso no compran nuestra deuda. Normal que en vez de emplear los servicios de inteligencia para desarticular de una vez a una banda de asesinos nacionalistas, se usen para cimentar la patraña de la conspiración financiera antiespañola (¿judeomasónica? Ah, no, masónica no, claro).

Zapatero dice además que es curioso que "los mercados que acudimos a salvar ahora nos pongan problemas", lo que demuestra lo poco que sabe del mercado y la visión mafiosa que tiene de los favores (o lo que él considera favores) y el empleo del dinero de los ciudadanos.

Sencillamente no le cabe en la cabeza más interés legítimo que el propio, no entiende que un inversor requiera una seguridad para sus inversiones y más en tiempos revueltos. El comportamiento que cualquiera de nosotros llevaría a cabo, para Zapatero es delictivo y antiespañol. Según él, lo patriota (si somos españoles) o lo decente (si somos extranjeros) es exponer nuestro dinero en deuda pública española cuando tenemos otras opciones más seguras y rentables a nuestro alcance.

Pero es que aún queda lo mejor: los especuladores, quiénes, por qué, de qué manera y con qué consecuencias.

domingo, 21 de febrero de 2010

La crisis, el maniqueísmo y la especulación (I)

Si usted quiere vender un producto y no obtiene los resultados deseados, una opción sensata es mejorar su producto y promocionarlo mejor. Menos lógico parece echarle la culpa a los compradores del producto, meterse con ellos, echarles en cara su falta de ética y moralidad y rozar el insulto. No, no estoy hablando del cine español (aunque muchos de sus integrantes también se comportan así), sino de nuestro Presidente y la deuda pública española.

El mercado de deuda pública, pese a estar intervenido como todos, no deja de responder a unas leyes básicas de mercado. Los estados presentan un producto -su deuda- que es valorado por los potenciales compradores. Igual que cuando compramos una barra de pan o un automóvil, los compradores evalúan las posibilidades de ver satisfechos sus intereses de la manera más rentable posible. Las evaluaciones más simples las realizamos de manera inmediata (escogemos una barra de pan en la panadería o supermercado según si nos gusta más crujiente o menos, por ejemplo) o bien ya las hicimos en el pasado y nos limitamos a convertirlas en rutina. Las evaluaciones más complejas (en el ejemplo, la compra de un coche) nos llevan mucho más tiempo, en ocasiones, meses de comparaciones y de recopilar información.

Los inversores en deuda pública atienden a las expectativas del emisor de esa deuda. Son profundamente objetivos, su ética es la de la rentabilidad propia y eso, lejos de ser un defecto, es una virtud. Buscan su interés legítimo: comprarán la deuda pública del país con mejores expectativas futuras. Este comportamiento es un poderoso incentivo al rigor financiero de las cuentas públicas de los países que quieren colocar su deuda. De no existir ese incentivo, ese interés legítimo de los inversores en deuda pública a comprar deuda de países saneados, los socialistas de todos los Gobiernos no tendrían ya ninguna traba a sus orgías de gasto público desaforado.







En la actualidad, el producto llamado "deuda pública española" tiene un hándicap promocional muy poderoso: el Presidente del Gobierno Español. Es curioso que la persona que debería ser la más interesada en la buena imagen de ese producto sea quien más hace para denigrarlo. Los mercados financieros hace ya mucho tiempo que dieron por descontada la ignorancia supina de Zapatero en materia económica, pero también creían que Solbes ejercería de "faja de seguridad" contra las decisiones del jefe del Gobierno español. Amortizado el ex-ministro de Economía y sustituido por la pretoriana Salgado, los inversores en deuda pública se preguntan hasta qué punto el equipo de técnicos del Ministerio de Economía puede contener las deletéreas decisiones de un presidente anclado tanto en su ignorancia como en su resentimiento.

Recientemente pudimos ver a la Ministra de Economía Elena Salgado y al secretario de Estado de Economía José Manuel Campa, promocionar la deuda pública española en la city londinense, asegurando la reducción del ciclópeo déficit público que nos hunde aún más en la crisis. Si ese anuncio tuvo algún efecto positivo en los inversores, se ha esfumado cuando menos de diez días después, también en Londres, Zapatero ha dicho exactamente lo contrario.

Y como cabía prever, ha tirado del manual del socialista caduco para justificar el desaguisado: la culpa es de los compradores de deuda pública, de los "clientes" potenciales del producto a vender, de los inversores.

¿Que usted no me compra lo que yo vendo? ¡Pues eso es que es usted una mala persona!

Es difícil hacer más el ridículo... pero lo conseguirá.

Para justificarse y como veremos en la próxima entrada, ha desempolvado las teorías conspiratorias sobre la maldad del capitalismo y a uno de los personajes más aparentemente odiados por los progres: el especulador.

martes, 2 de febrero de 2010

El socialismo, víctima de sus propios prejuicios

Tras la evidencia del fracaso de la centralización de la vida social y económica (ya no digamos política y jurídica) irrefutable tras el derrumbe del bloque socialista a finales de los ochenta y principios de los noventa, el socialismo padeció un aceleradísimo proceso de vaciamiento ideológico. El mismo era la consecuencia de un ardid inevitable para la supervivencia de las corrientes socialistas (disfrazadas de socialdemócratas porque no les quedaba más remedio) que consistía en imponer un lenguaje previamente cocinado en los fogones del apparatchik propagandístico progre.


Cierto es que eso ya lo llevaban haciendo desde Marx y Engels y de una manera mucho más organizada y eficaz, al menos desde la II Internacional. Pero mientras que en aquellos -afortunadamente lejanos- tiempos el objetivo era la sociedad del Partido Único, en nuestra época el objetivo es que el campo de juego de las democracias pluripartidistas esté minado para todo aquel que no sea socialista (que alguno habrá, digo yo, aunque cueste encontrarlo).


Y a fe que lo han conseguido. Incluso más allá de sus propias expectativas. Tanto que ahora hasta se les ha vuelto en contra el hecho de que la sociedad asuma consignas falsas o cuando menos discutibles como que “la izquierda defiende los derechos sociales” y que “la imposición de una edad máxima de jubilación obligatoria es una conquista social”.


Podemos verlo en el pésimo recibimiento que se ha dado al último globo sonda del Gobierno: la elevación de la edad de jubilación a los 67 años, de manera progresiva (curiosamente, la misma que fue propuesta por Greenspan a principios de los ochenta en los denostados EE. UU.). La reacción en prensa, radio, televisión, redes sociales y tertulias de café o corrillos del trabajo ha sido de protesta e indignación incluso entre los estamentos claramente afines al partido gobernante.



Siempre hay fanáticos que todo lo ven como mano de santo: los mismos que cuando el Gobierno perpetra sus políticas más radicales, le jalean por ser “muy de izquierdas”, cuando ese mismo gobierno toma medidas que según su propia mentalidad simplista, son “no tan de izquierdas” (como la liberación del sector del taxi o las nunca cumplidas propuestas de antes de las elecciones del 2004 de rebajar los impuestos a las empresas, o la elevación a 67 años de la edad de jubilación), este gobierno está demostrando “su moderación” y “cintura política”. Vamos, que si hacen una cosa, bien que sean socialistas y si hacen la contraria, bien que sean moderados y pragmáticos (con lo que ya asumen que ser socialista no es ser moderado).




Pero salvo esos votantes zombies e “intelectuales orgánicos” (estos últimos, generalmente plumillas y voceros infiltrados en la prensa afín) podemos detectar que la propuesta ha soliviantado incluso a muchos votantes socialistas, que gustosamente habrían puesto el grito en el séptimo cielo si la proposición hubiera salido de la boca bajo el bigote de Aznar y se quedan estupefactos de que algo que les parece “tan facha” lo proponga un Ministro de Zapatero (porque el Presidente se ha cuidado muy mucho de dar la cara, como acostumbra).

La sociedad está tan imbuida de los prejuicios socialistas que ni estos mismos pueden mover ligeramente el timón en un sentido distinto del que han logrado imprimir a golpe de la propaganda más eficaz (para lástima del progreso de la Humanidad) de los dos últimos siglos (si no más).



Porque seamos realistas: la aprobación de la propuesta en sí difícilmente salvará ya no nuestra economía ni a corto ni a largo plazo, sino que ni siquiera logrará apuntalar nuestro fraudulento sistema público de pensiones. Y sospecho que los que han lanzado la idea, lo saben. Pero el Gobierno se veía en la necesidad de fingir firmeza ante Bruselas ahora que Zapatero juega a ponerse las estrellas de la bandera europea a modo de corona de laurel, y ya están intentando rentabilizar la cuestión fardando de que proponen esa decisión “pese a la presión social en contra”.


No es descabellado que una medida tan a largo plazo sea claramente desechada por el PSOE (máxime viendo la reacción tan negativa de la sociedad) y sepultada en el cajón de las ocurrencias, todo cuando pase este semestre de publicidad europeo-presidencial. Y si hay que meterle mano a las pensiones con medidas impopulares, que lo haga el PP si es que gana las elecciones, como Aznar tuvo que congelarle el sueldo a los funcionarios y cortar el grifo de la obra pública para entrar en Maastricht. Si de eso de dejar herencias cojonudas, el PSOE sabe un montón.



Lo único medianamente positivo que podría salir del jaleo es la ampliación de la conciencia ciudadana de la insostenibilidad (ahora que está tan de moda la palabrita “sostenible”) de nuestro sistema de pensiones y lo pernicioso que para el mismo ha sido la demencial política de prejubilaciones que se ha llevado a cabo durante lustros. Si al menos el PP hubiera aprovechado para meter baza y mencionar cuatro verdades sobre el sistema público de pensiones, rescatando cuando conviniera la comparación con el exitoso sistema chileno, podríamos haber presenciado el comienzo de un debate serio, de esos que tanto echamos en falta.


Pero no. Todo el asunto se disolverá pronto y quedará como una breve tormenta en un vaso de agua, porque el PP cada vez es más socialista y no ha podido dejar pasar la oportunidad de ser demagogo y zurrarle al PSOE usando argumentos socialistas sobre la bondad de nuestro público y piramidal sistema de pensiones, algo así como “dicho sistema no es el problema, el problema es Zapatero y en cuanto se vaya, se arregla todo… incluso lo que lleva décadas mal diseñado”.

Y no, señores. Zapatero puede acelerar el advenimiento del desastre, incluso agravar este, pero el edificio de las pensiones públicas tiene unos cimientos movedizos de los que no tiene ninguna culpa Zapatero (sí su partido, como el PP) aunque sólo sea por su nula relevancia en los años en que ese edificio fue cimentado.


Así que ya saben, sin debate serio, olvídense de solucionar esa cruda realidad que dice que lo que cotizamos ahora sirve para pagar las pensiones actuales, pero no tenemos seguridad alguna de que en su momento podamos cobras las nuestras.




Por lo mismo, pero a una escala que en comparación es de tamaño minúsculo, a Madoff le llaman “el mayor estafador de la historia”.