Muchos años después, una de aquellas personas de color minoritario, se atrevió a algo más que a soñar. Como muchos antes que él (incluso de los de su color) soñó que llegaba a ser quien dirigía los destinos de su país. Pero no se quedó en sólo una fantasía. Persiguió su anhelo con una autoconfianza rayana en el mesianismo y una tenacidad que más bien parecía obcecación. Supo decir a cada grupo del país aquello que deseaban escuchar. Con su aplomo enamoró a quienes contaban las novedades al resto del pueblo y con su verbo atrajo el dinero. Se aprovechó de que el senescal del país era muy odiado tras haber sido muy querido. Engatusó a los juglares, a los titiriteros itinerantes, a los que componían los cantares de gesta y a los nobles que pagaban a todos los anteriores. Para obtener el reconocimiento de los de su familia luchó contra una hechicera experimentada de quien todos decían que sería la mujer a seguir. Y ganó. Luchó contra un caballero de blanca armadura que había servido sin tacha en guerras lejanas ante enemigos impíos. Y ganó.
Y logró hacer su sueño realidad.
Todo el reino se felicitó por su victoria. "¡Sí! ¡Aquí todo hombre puede cumplir su sueño!" decían henchidos de orgullo patriótico. "¡Él nos salvará de nuestros problemas!"
Sólo le pedían que hiciera lo que él había prometido hacer. Nada más. Nada menos.
Así fue cómo el hombre que cumplió sus sueños, aquél que según Bill Clinton personificaba "el mayor cuento de hadas que había visto en su vida" se vio enfrentado a numerosas pesadillas por haber cumplido su sueño:
Soldados del país diseminados por todo el mundo, combatiendo enemigos que no respetan ninguna norma en al menos dos territorios, con todos los demás países del mundo envidiando, anhelando la flaqueza del país "donde todo hombre puede cumplir su sueño", socavando su poder, fomentando el odio visceral con el uso perpetuo de la mentira. Monstruos del pasado reconvertidos en "socialismos del siglo XXI", como espectros que vuelven tras su muerte y que precisamente por ello, son más difíciles de atrapar (las razones no valen cuando los socialistas de todos los partidos se niegan a entender los hechos históricos). Y peor aún, el nuevo senescal debía enfrentarse a un monstruo de infinidad de cabezas, un monstruo interior, omnipresente y multiforme. Tan interior que estaba en el propio modo de ser del nuevo senescal, hasta el punto de que él mismo había contribuido grandemente al crecimiento de ese monstruo y los planes que tenía para combatirlo sólo harían que alimentarlo y volverlo más poderoso. El monstruo que arruinaba a los habitantes robándoles sus ahorros de la manera más peligrosa: convirtiendo el dinero en mera convención sin base en riqueza real.
Con una crisis pavorosa, China rampante, Rusia desafiante, Irán regalándole por su investidura una crisis en Oriente Próximo a través de su franquicia de HAMÁS, Europa tan inerme como siempre y América Latina escarbando en el doble fondo del populismo, el cuento de hadas se convierte cuando menos un thriller de alta tensión.
Esperemos que no acabe siendo una película de terror.











